De cómo la lencería resolvió la llegada del ser humano a la Luna

Muchos de los tejidos que se utilizan hoy en día son fruto de las innovaciones derivadas de la carrera espacial

Luna
Las botas que utilizaron los astronautas que pisaron por primera vez la Luna. GETTY IMAGES

El 20 de julio de 1969 Neil Armstrong pisaba por primera vez la superficie lunar. Un hito en la carrera espacial que arrastró consigo grandes avances científicos y tecnológicos. Pero no fueron los únicos, estas innovaciones también impactaron en disciplinas aparentemente menos relacionadas, como es el caso de la moda.

Todo empezó con el traje que debían llevar los astronautas, explica Laura Luceño, profesora del Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid (CSDMM) de la Universidad Politécnica, y responsable de la jornada sobre la influencia de la llegada a la Luna en la moda, organizada en el centro educativo con motivo de la Semana de la Ciencia. Los uniformes del Apolo 11 fueron los primeros con un soporte vital autónomo, mientras que los que se habían empleado en intentos anteriores permanecían unidos a la nave por una especie de cordón umbilical. El nuevo diseño significaba que cualquier fallo en su confección supondría un desenlace fatal para los astronautas en menos de 20 segundos.

Las prendas debían contar con dos requisitos indispensables: ser resistentes y, al mismo tiempo, muy flexibles. Dos cualidades que, en ese momento, se encontraban en la lencería. La jefa de planta de Playtex, Eleanor Foraker, y su equipo fueron las encargadas de confeccionar a mano unos trajes que requerían una gran minuciosidad y nueve capas superpuestas –nailon, spandex, nailon de nuevo, dacrón, neopreno, plástico, kevlar, aluminio y teflón–. Muchos de estos materiales ya existían antes de que se desatara la carrera espacial, pero su uso se popularizó a raíz de la misma. Actualmente es habitual encontrarlos en anoraks y deportivas. Por ejemplo, el dacrón, un tipo de plástico muy similar al de las botellas de agua de un solo uso, se emplea ahora para realizar tejidos que emplean fibras de materiales reciclados, como es el caso de Ecoalf.

Las botas de los cosmonautas no solo requirieron una gran labor de ingeniería, sino que también fueron objeto de la polémica. Quienes defienden que la llegada a la Luna fue un montaje argumentan que la famosa huella de Buzz Aldrin sobre la superficie del satélite no se corresponde con las botas que se custodian en el museo Smithsonian de Washington (EE UU). Un debate que Luceño zanja rápidamente: usaron dos pares diferentes: unos para el interior y otros para el exterior. “Estos últimos los dejaron allí porque el polvo lunar se pega mucho y, si se filtra en el aire, puede ser muy irritante”, desarrolla. Controversia al margen, lo ciertos es que las botas se convirtieron en un verdadero icono. Tanto es así que la firma Tecnica desarrolló las llamadas Moon Boots, unos zapatos après-ski inspirados en el modelo espacial, que aún siguen siendo un objeto de deseo. Un factor al que ha ayudado el hecho de que, en 2010, este diseño se reeditara para marcas como Chanel, Dior, Louis Vuitton o Jimmy Choo.

Diseños de Pierre Cardin.
Diseños de Pierre Cardin. GETTY IMAGES

No es el único caso. “La moda es como una esponja, absorbe todo lo que hay en la sociedad, lo reinterpreta y lo vuelve a mandar fuera”, recuerda Luceño. Y la carrera espacial marcó la década de los 60 incluso antes de que se aterrizara en la superficie del satélite. La cantidad de avances técnicos y descubrimientos científicos que se vislumbraban en el horizonte empujaba a la sociedad a reflexionar sobre cómo sería el futuro que se avecinaba.

Los diseñadores André Courrèges y Pierre Cardin fueron los máximos exponentes de las tendencias futuristas derivadas de este momento histórico, según la profesora del CSDMM. El primero de ellos lanzó la colección Space Age (La edad espacial) en 1964. Para presentarla, vistió a las modelos íntegramente de blanco y realizó un desfile con naves espaciales. “Aunque no en los patrones, ya que estos diseños eran muy entallados, el color y el concepto de uniforme recordaban a las equipaciones espaciales”, ilustra Luceño. Un sombrero que evocaba un casco de astronauta ponía la guinda final a los conjuntos. Por su parte, Cardin propuso prendas de vinilo plateado combinadas con multitud de cinturones, cremalleras y superposiciones que formaban siluetas de símbolos espaciales.

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