España urge más reformas estructurales y estabilidad política

La economía avanza hacia la parte final de un ciclo expansivo que hay que aprovechar al máximo

La economía española está acusando ya los efectos de un entorno de desaceleración creciente, aunque de momento aguanta razonablemente el tirón. Los últimos datos apuntan a que el PIB creció un 0,4% en el tercer trimestre del año, la misma tasa que alcanzó el trimestre anterior, y que lo ha hecho apoyado por el consumo interno, el gasto público y la inversión empresarial, tres pilares que han compensado la creciente flojedad del comercio exterior. En ese contexto de enfriamiento, el comportamiento del empleo, en mínimos desde 2013, es una de las notas más preocupantes, tal y como reflejan los datos de afiliación a la Seguridad Social y la última EPA, mientras la tasa de actividad interanual crece a un 2%, el ritmo más bajo de los últimos cinco años. Con estos mimbres, parece difícil que España pueda cerrar el año con un crecimiento del 2,1%, tal y como había previsto Gobierno, especialmente en un entorno internacional plagado de riesgos y con focos de inestabilidad en el interior del país.

Como recuerda el Banco de España en su último informe de estabilidad financiera, hecho público ayer, las expectativas de la economía española de aquí a 2021 siguen siendo expansivas, aunque a ritmos más moderados y con un buen puñado de riesgos a la baja. Parte de los factores de incertidumbre son geopolíticos. Es el caso del Brexit, cuyo desenlace y factura final sigue siendo una gran incógnita pese a los recientes avances hacia una salida pactada, o de la guerra de aranceles entre EE UU y China, que tiene un potencial sistémico enormemente peligroso para el comercio global. Al tiempo, hay otros escenarios de tensión interna que pueden frenar el crecimiento previsto de la actividad, como la inestabilidad propia de cualquier Gobierno en funciones , la cercanía de unos comicios electorales de resultado incierto y los graves acontecimientos que se están desarrollando en Cataluña y que, según el Banco de España, pueden afectar negativamente a la evolución del PIB.

España tiene ante sí el reto de navegar hacia aguas cada vez más frías para adentrarse en la parte final de un ciclo expansivo que es necesario aprovechar al máximo. Ello exige, por un lado, la recuperación de la estabilidad política en el país mediante la formación de un Gobierno sólido y capaz de reconducir la crisis independentista desatada en Cataluña, y por otro, el impulso de las reformas estructurales que España necesita para poder apurar los decrecientes vientos a favor.