EE UU da a Turquía donde duele acusando al banco estatal Halkbank

Parece un ataque calculado contra el vulnerable sistema financiero del país

Cajero de Halkbank en Estambul.
Cajero de Halkbank en Estambul.

Estados Unidos está golpeando a Turquía donde más le duele. El martes, un día después de que el presidente Donald Trump impusiera sanciones a varios ministros y departamentos gubernamentales del país euroasiático debido a su incursión en Siria, los fiscales estadounidenses acusaron al prestamista estatal turco Halkbank por un plan multimillonario para evadir el bloqueo de Estados Unidos a las operaciones con Irán. Los cargos, que el banco niega, parecen un ataque calculado contra el vulnerable sistema financiero de Turquía.

El supuesto papel en la saga de Halkbank, que utilizó el comercio de oro para eludir las sanciones contra Irán, era público desde hace casi seis años. Puede que las conversaciones entre Trump y el presidente turco Tayyip Erdogan persuadieran a los fiscales para contenerse.

Ahora, sin embargo, se han abierto las hostilidades. La acusación identifica al primer ministro de Turquía en aquel momento como el que ordenó que el plan de venta de oro se reiniciara después de haberse parado. Ese primer ministro era Erdogan, que ha dicho que la acusación es ilegítima.

Para los grandes bancos internacionales, una demanda del Gobierno de Estados Unidos equivaldría a una sentencia de muerte, porque socava la confianza de los reguladores, los clientes y las contrapartes. Por eso casi todos los prestamistas tratan de resolver sus casos antes de que se presenten cargos.

Es un problema menor para Halk­bank, que opera principalmente dentro de Turquía. Aun así, una multa grande le haría daño. Con un ratio de capital básico Tier 1 del 9,8% a finales de junio, es el peor gran banco turco por capitalización, según Fitch. Junto con sus homólogos estatales Ziraat Bankasi y Turkiye Vakiflar Bankasi, ha concedido préstamos a bajo interés tras la crisis monetaria del año pasado para apoyar el plan de crecimiento impulsado por el crédito del Gobierno. Los bancos estatales también están ayudando a apuntalar la lira vendiendo dólares algunos días y negándose a actuar como contrapartes de los prestamistas extranjeros que quieren apostar contra la moneda.

Es probable que Ankara interviniera para ayudar a Halkbank a absorber cualquier sanción, lo que limitaría el riesgo sistémico. La decisión del Gobierno de prohibir temporalmente la venta en corto de acciones de los siete grandes bancos turcos [entre ellos Garanti, filial de BBVA] limita las consecuencias en el mercado de valores. Sin embargo, también indica una preocupación por la posibilidad de que la pérdida de confianza se extienda a otras instituciones.

Las contrapartes intranquilas han tenido advertencias de sobra para evitar el Halkbank; los rendimientos de sus bonos han sido persistentemente más altos que los de otros bancos turcos.

Lo más preocupante es que esto implica que, a medida que aumentan las tensiones sobre Siria, el económicamente vulnerable sistema bancario turco se ha convertido en un objetivo legítimo.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías