La guerra fiscal mundial avanza poco a poco hacia una frágil paz

Discutir los detalles de la propuesta de la OCDE para cobrar impuestos a Google o Facebook será complicado

Un activista con una máscara de Mark Zuckerberg.
Un activista con una máscara de Mark Zuckerberg.

Pascal Saint-Amans se merece un descanso. Después de meses de conversaciones, el jefe de fiscalidad de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) parece haber conseguido la paz entre países miembros como Francia y los Estados Unidos. Pero puede ser solo un alto el fuego temporal en la guerra global sobre quién consigue cobrar impuestos a gigantes de la tecnología como Facebook.

La OCDE publicó el miércoles una propuesta de reforma fiscal global que es mucho más radical de lo que sugiere su árido lenguaje. Saint-Amans quiere que las empresas multinacionales que ganan dinero de los consumidores, y no solo de otras empresas, paguen impuestos en parte basándose en el lugar donde generan ventas, y no en dónde declaran sus beneficios.

Esto haría más difícil para los grupos tecnológicos trasladar los ingresos a países con impuestos bajos como Irlanda. Francia apoyó rápidamente la idea. La OCDE considera que otros miembros, entre ellos Estados Unidos, ven su plan como base para una negociación,según una persona cercana a las discusiones.

La idea es que los países primero especifiquen un nivel de rentabilidad “rutinario” o normal. Podría fijarse, por ejemplo, en el 10% de los ingresos. La diferencia entre ese número y el margen de beneficio real antes de impuestos de una empresa se consideraría beneficio “residual” o excedente.

Para la empresa matriz de Google, Alphabet, cuyo margen de beneficio antes de impuestos en 2019 será del 26% según los datos de Refinitiv, el beneficio excedente sería del 16% de los ingresos en este escenario.

A continuación, los países especificarían la proporción de ese excedente de beneficio que debería asignarse a los países en función de las ventas. Imaginemos que es la mitad. Sobre esa base, y de nuevo utilizando el ejemplo de Google, el 8% de sus ventas globales quedarían atrapadas en la nueva potestad tributaria de Saint-Amans. Estos ingresos imponibles se dividirían entre países, por ejemplo, en función de su porcentaje global de las ventas mundiales de Google. Es una desviación conceptual significativa de las normas actuales, que no gozan de popularidad en Francia y en otros lugares, ya que permiten a Google y a otros desplazar sus beneficios a paraísos fiscales.

Pero discutir a fondo los detalles será difícil. No hay un precedente claro para definir lo “rutinario” frente al excedente de beneficios. Los Gobiernos presionarán para que se establezcan umbrales que maximicen sus propios ingresos al tiempo que se reducen al mínimo los ingresos que perderán en favor de otros países.

Sin consenso, Francia, Gran Bretaña y otros países seguirán adelante con sus gravámenes de emergencia sobre los gigantes digitales. La nueva paz fiscal mundial parece frágil.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías