Portugal demuestra que la estabilidad política siempre suma

Enseña el valor de los pactos en los que se respetan los compromisos y no se juega a los dados para construir alternativas de política económica

Los portugueses han dado ahora al primer ministro, António Costa, el voto de confianza que le negaron cuando estaba en la oposición, hace cuatro años. Pese a registrarse los niveles de abstención más elevados de la historia legislativa de Portugal, los electores han premiado al menos tres cuestiones practicadas durante estos cuatro años: la capacidad de pacto pese a las diferencias a veces profundas en el seno de la izquierda portuguesa; la estabilidad para mantenerlo durante toda la legislatura, y el sesgo centrista de las políticas de Costa, muy cuidadoso con las recomendaciones normativas de Fondo Monetario y Unión Europea y con iniciativas amables para los inversores extranjeros, más necesarios que nunca para sacar definitivamente al país del estado catatónico en el que quedó durante la recesión, y del que tuvo que ser rescatado.

Costa no ha logrado la mayoría absoluta que buscaba (se ha quedado a una decena de escaños), y tendrá que ensayar de nuevo el pacto con los dos partidos minoritarios situados a su izquierda, tanto el Bloco de Esquerda (equiparable a Podemos en España) como el Partido Comunista. Ambos elevarán ahora el nivel de exigencia, con objetivos normativos a los que en la primera legislatura de ensayo pactista han renunciado, como fuertes subidas del salario mínimo, mejoras salariales generalizadas y eliminar la reforma laboral que a su juicio diseñó la troika de los acreedores, el BCE, la Comisión Europea y el FMI.

Costa sabe que Portugal ha superado con éxito sus dificultades con su Gobierno y los pactos que han respetado y primado la estabilidad política, pero que no lo habría logrado sin las políticas flexibles del mercado de trabajo que con costes bajos han generado un renovado polo de atracción de visitantes, y sin los impulsos fiscales a la inversión extranjera, que han convertido a Portugal en un destino de renovado interés. Debe hacer lo posible por mantenerlos, y hacerlos compatibles, si ello es posible, con las demandas ahora más exigentes que hace cuatro años de sus socios, pese a que la posición del Partido Socialista sea hoy de mayor fortaleza que hace cuatro años.

Ayer el bono luso a diez años cotizó en el mercado secundario con la misma rentabilidad que el español (0,132% el luso y 0,137% el español) lo que da idea de los progresos de Portugal a ojos de sus financiadores. El país vecino ha mostrado en la última legislatura el valor del acuerdo, el camino en el que España ha estado cuatro años extraviada, cual es la consecución de pactos en los que se respetan los compromisos y no se juega a los dados para construir alternativas de política económica.