Nubes en política, comercio y Bolsa: claves contra la recesión

Solo la cooperación entre los organismos y los gobiernos de las grandes potencias pueden retrasarla

Donald Trump, en una imagen de archivo.
Donald Trump, en una imagen de archivo.

Cierta desaceleración económica es inevitable debido al agotamiento del ciclo expansivo. La actual etapa de crecimiento de EEUU supera una década y es la más larga de su historia. La guerra comercial con China parecía no afectar excesivamente a EEUU. Su PIB sigue creciendo por encima del 2%-2,3% a ritmo anual en el segundo trimestre y goza del menor desempleo (3,7%) en cincuenta años.

Pero el aplazamiento de la aplicación de aranceles sobre parte de los 300.000 millones de dólares de exportaciones chinas anunciados por la administración Trump en agosto es un tácito reconocimiento del perjuicio que la guerra comercial está causando a los consumidores, empresas y agricultores estadounidenses. El gobierno de EEUU ha otorgado subvenciones por valor de 28.000 millones de dólares a los agricultores. Pero dicha ayuda no compensa la pérdida de mercados de exportación padecida a raíz de las represalias comerciales adoptadas por China y México.

El Instituto de gerencia y abastecimiento (ISM) de EEUU publica mensualmente su índice de gestores de compras (PMI). Se trata del mejor barómetro de la actividad fabril y de la salud del sector manufacturero y de servicios. Desde marzo el PMI ha descendido cada mes, y la contracción en septiembre hasta 47,8 lo coloca en el nivel más bajo desde 2009 y nueve puntos por debajo de la marca de octubre de 2018.

Subíndices del PMI muestran disminuciones en la producción, empleo, existencias y nuevos pedidos por parte de fábricas y exportadores. El índice PMI del sector manufacturero de la eurozona elaborado por IHS Markit se redujo en septiembre hasta 45,7, el peor registro desde octubre de 2012.

Los malos datos del PMI han propiciado descensos notables de los índices bursátiles. El deterioro de la confianza empresarial y de los consumidores en EEUU y Europa únicamente se detendrá a corto plazo si se produce un avance sustancial en las negociaciones entre Washington y Pekín.

Trump reconoció que retrasaba hasta el 15 de diciembre la entrada en vigor del arancel del 10% sobre las exportaciones chinas de móviles, portátiles, videoconsolas y juguetes para no diezmar la temporada de compras en EEUU. La mayoría demócrata en la Cámara de Representantes probablemente votará a favor de abrir artículos de juicio político (impeachment) contra Trump por la presión que ejerció sobre el gobierno de Ucrania. La destitución de un presidente requiere el voto favorable de 67 senadores.

Los demócratas cuentan con 47 y no lograrán el apoyo de 20 senadores republicanos mientras el presidente mantenga una popularidad elevada entre los votantes de su partido. Trump siempre reacciona al acoso con medidas agresivas que complacen a su base electoral. Por ello es altamente improbable que realice las concesiones necesarias para alcanzar un acuerdo con China.

El mejor escenario realista es otro aplazamiento de los aranceles si la temporada de ventas navideña arroja un balance negativo. La política monetaria acomodaticia de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo sí favorece la actividad económica. Los dos recientes recortes de tipos de la Fed han situado la tasa de fondos federales en la horquilla del 1,75%-2%. Trump y los inversores esperan otra disminución en octubre. Jerome Powell y los integrantes del Comité Federal de Mercado Abierto deberán sopesar el 29 de octubre si la reducida inflación y desempleo justifican otra bajada.

El BCE, por su parte, reactivará en noviembre su programa de compra de deuda pública y privada, adquiriendo bonos mensualmente por valor de 20.000 millones de euros. Mantuvo su tasa de interés principal en 0% y la de facilidad de préstamo (préstamos a los bancos) en 0,25%. Christine Lagarde, que asumirá la presidencia del BCE el 1 de noviembre, es partidaria de proseguir con dichas medidas. Pero deberá presionar a Alemania a acometer un programa de estímulo mediante inversión pública de 40.000 millones de euros.

De lo contrario, los bancos centrales se enzarzarán en una peligrosa competencia de rebajas apresuradas y escesivas de tipos, dejándoles sin margen cuando llegue la recesión. Los tipos muy reducidos hinchan también unas cotizaciones bursátiles que en el caso de las tecnológicas alcanzan cotas muy excesivas. La capitalización bursátil conjunta de Microsoft, Apple, Amazon, Alphabet y Facebook asciende a 4,2 billones de dólares, superior al PIB de Alemania.

Otro factor que lastra la economía internacional es la incertidumbre por el desenlace del Brexit. Ni la población británica ni los mercados desean otra prórroga negociadora. Pero el plan propuesto por Boris Johnson a la Comisión para resolver la cuestión de la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte no ha sido muy bien acogido en Bruselas. El final del ciclo económico, los efectos negativos de las guerras comerciales, de la sobrevaloración de la Bolsa y del Brexit precipitarán tarde o temprano una recesión. Únicamente la cooperación entre los gobiernos de las grandes potencias y la actuación de los organismos multilaterales puede retrasarla.

 Alexandre Muns es Profesor de la OBS Business School