A los banqueros suizos les gustaría que Credit Suisse y UBS fueran más aburridos

El espionaje al tiburón Iqbal Khan, que fichará por el eterno rival, entorpece las intenciones del sector de mejorar su reputación

Bandera suiza junto a la sede de Credit Suisse, en la plaza Paradeplatz, en Zúrich.
Bandera suiza junto a la sede de Credit Suisse, en la plaza Paradeplatz, en Zúrich.

Dos hombres ricos y con trajes a medida discutiendo en una recepción con champán no hacen un thriller de Jason Bourne. A menos que sean dos de los mejores banqueros de Zúrich. A los profesionales de esta ciudad se les conoce normalmente por ser discretos y predecibles, incluso aburridos, en el mejor sentido de la palabra. En los últimos años también han intentado pulir sus credenciales éticas.

Por eso, la decisión de Credit Suisse de contratar a torpes detectives privados para espiar a uno de sus extiburones, que va a fichar por su archirrival UBS, está resultando un gran bochorno. Aunque la explicación de cómo surgió el alboroto sigue a la espera de una investigación interna en Credit Suisse, es revelador de este peculiar centro financiero mundial, en el que uno de cada seis francos de valor económico está ligado al sector.

No hay sitio como Zúrich. Esta urbe de solo 402.000 habitantes, sobre un lago tan limpio que la gente alfa nada por él antes de ir a trabajar, es el hogar de dos de las instituciones financieras más importantes del mundo. Las oficinas centrales de Credit Suisse y UBS están literalmente separadas por unas pocas tiendas de relojes. Ningún otro centro financiero tiene solo dos grandes instituciones luchando por los mismos clientes, en líneas de negocio casi idénticas, a base de extraer a la par virtudes de su herencia suiza compartida.

Eso ha generado una de las rivalidades más feroces del planeta. En los negocios, no hay nada igual. Ni los titanes de Wall Street, Goldman Sachs contra Morgan Stanley, ni Deutsche Bank y Commerzbank, cuyas torres rivales dominan el horizonte de Fráncfort. Tal vez solo rivales deportivos de una misma ciudad, como el Manchester United y el Manchester City.

No obstante, como escribió hace dos años Thomas Ulrich, presidente de la Asociación Bancaria de Zúrich, “el objetivo común para todos los participantes debe ser situar el centro financiero como un centro estable y con visión de futuro, que le permita mantener su atractivo tanto a nivel internacional como local y seguir desempeñando un papel económico importante en la región de Zúrich y en toda Suiza”.

Los titulares de la semana pasada difícilmente proyectan una imagen de estabilidad. Un enfrentamiento con investigadores privados contratados por Credit Suisse, el banco dirigido por Tidjane Thiam, para seguir a Iqbal Khan, un exsubordinado con el que tuvo una riña, ha atraído la atención hacia Zúrich.

Para empezar, el asunto parece pura incompetencia. Los detectives fueron enviados por Investigo, una empresa tal vez más conocida por atrapar a vagos que tratan de estafar a sus aseguradoras . Como ha contado la prensa suiza, incluido el normalmente superserio Neue Zuercher Zeitung, Khan vio a sus perseguidores y se enfrentó a ellos en una especie de disputa, aunque Investigo cuestiona esta versión.

Para los multimillonarios asiáticos que corteja Credit Suisse, la noticia no induce a la confianza. Imaginemos la conversación entre un banquero y un cliente potencial en Singapur: “A ver si lo entiendo: ¿quiere que le dé 500 millones de dólares para que los maneje calladamente, pero ni siquiera puede vigilar discretamente a un tipo cuando lleva a su hijo a un partido de fútbol en Rapperswil?”

También es éticamente cuestionable. Credit Suisse aceptó dejar ir a Khan con relativamente pocas condiciones. Solo se le restringió fichar por un competidor por tres meses. Dado que casi todos los rivales intentaron ficharlo –Goldman Sachs, Lombard Odier y Julius Baer–, parece un error de cálculo.

Tal vez el motivo es la animadversión personal, que incluye una disputa entre Khan y Thiam sobre los arbustos de sus adyacentes propiedades en el lujoso barrio de Herrliberg. Entonces, ¿cuál era el objetivo de seguir a Khan? ¿Fue un intento de pillarlo incumpliendo su acuerdo de no atraer a antiguos subordinados? ¿O simplemente para acosarlo? Los abogados del despacho Homburger que están llevando a cabo lo que se supone que es una investigación independiente para el consejo deben dar respuestas pronto.

La impresión es que Credit Suisse intentaba obstaculizar la entrada de Khan en UBS, cuyo CEO, Sergio Ermotti, está más cerca de la edad de jubilación que Thiam. Esto plantea interrogantes sobre la cultura del banco y, en particular, sobre las decisiones adoptadas por el jefe de operaciones, Pierre-Olivier Bouée, antiguo compañero de Thiam en McKinsey y en la elitista universidad francesa ENA, que siguió al CEO desde su anterior empleador, la aseguradora Prudential.

Esta semana, todas las miradas estarán puestas en Urs Rohner, que lleva ocho años en la presidencia, ha contratado a Thiam y al que quedan un par de años para la edad de jubilación. Los consejeros de Credit Suisse están cerrando filas en torno a Thiam, según el FT.

Como me dejaron claro los financieros de Zúrich la semana pasada, el riesgo es que el asunto genere un efecto negativo en la comunidad, que está tratando de transformar su reputación de mero refugio del secreto bancario en uno de los más altos estándares de competencia y conducta ética. “Se supone que los bancos suizos funcionan como relojes suizos, previsibles e impecables”, me dijo un banquero sénior.

Después de todo, hace solo un año de que llegara a su fin formalmente la era del secreto bancario, cuando la agencia tributaria suiza intercambió por primera vez datos de cuentas bajo las normas globales que pretenden acabar con las estafas fiscales. Los días en que los profesionales europeos podían esconder riqueza al otro lado de la frontera, más allá de las miradas indiscretas del recaudador de impuestos local, están destinados a ser cosa del pasado. Por otra parte, si el fisco contrata a Investigo, al menos hay grandes posibilidades de que los antiguos defraudadores les vean siguiéndoles el rastro.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías