El piloto que no logró levantar Thomas Cook

Peter Fankhauser llevaba años achicando agua y cobrando altos bonus, y ahora puede ser investigado por su labor

El piloto que no logró levantar Thomas Cook

Consiguió levantar Thomas Cook de sus problemas financieros, pero la mejora fue solo aparente, y quizá su destino estaba escrito. Peter Fankhauser (Suiza, 1960) ha sido el último consejero delegado de la histórica agencia de viajes, cuya quiebra el pasado lunes ha dejado tirados a 600.000 turistas y 21.000 empleados.

Los reguladores y legisladores británicos están valorando si investigan la actuación de los directivos y las auditoras de la compañía (EY desde 2017, PwC antes), y si los acreedores se han visto perjudicados por ella.

En los últimos dos años, la empresa ha tenido varios directores financieros, pero el jefe desde 2014 ha sido siempre el mismo: Fankhauser, que ha cobrado entre salario y bonus más de 8 millones de libras desde 2014. Su último sueldo fue de 725.000 libras, más 82.000 en salario flexible y 217.000 en plan de pensiones. Un millón en total, que aun así fue menor que los 1,8 millones ingresados en 2017.

Los sueldos y bonus de sus dos predecesores, Harriet Green y Manny Fontenla-Novoa, y del resto de directivos de los últimos 12 años también están en la picota.

El directivo suizo vive en una mansión de Surrey de dos millones de libras con su mujer, Raffae­lla Cassani, y dos de sus tres hijos. Paga 6.000 libras al mes de alquiler. Exgimnasta de alto nivel y muy aficionado al esquí y al snowboarding, corre diariamente 10 kilómetros, los últimos antes de llegar a su trabajo; o al menos lo hacía hasta ahora. Su primer empleo fue enseñar aerobic.

Se graduó y doctoró en algo que no tiene nada que ver con el turismo: Políticas por la Universidad de San Galo. Él querría haber sido piloto de combate, pero su padre no le dejó. Eso sí, mientras estudiaba, completó el servicio militar, hasta llegar a capitán. “Me gustaba mucho. Te enseña cómo conseguir poner a la gente de tu lado cuando tienes 20 años y hay 50 personas y 4 tanques que dirigir”, recordaba en el periódico Evening Standard.

Desde el principio trabajó en empresas turísticas en problemas. La primera, la operadora suiza Kuoni, que empezó a dirigir con solo 29 años. Lo primero que hizo al llegar fue prender fuego, ante los empleados, al dossier de McKinsey que prescribía recortes de puestos de trabajo. De ahí pasó a la alemana LTU, de la que fue CEO –luego absorbida por Air Berlin–, y que contaba con aerolínea propia, al igual que Thomas Cook.

Es verdad que el final de su mandato ha coincidido con la quiebra, pero cuando tomó el mando absoluto, en 2014, la firma tampoco estaba mucho mejor, con varios profit warnings, y consiguió darle la vuelta, aunque fuera por poco tiempo, con un giro estratégico hacia la propiedad de hoteles para aumentar sus márgenes.

Fankhauser ha criticado varias decisiones del CEO entre 2003 y 2011, Fontenla-Novoa, como la recompra de acciones y su frenesí adquiriendo empresas.

Su entrada en la agencia tuvo lugar en 2001. En 2003 ya era jefe de producto y consejero delegado para Alemania, antes de asumir la dirección para toda Europa continental en 2007.

Cinco años después, alcanzó el puesto de CEO para el Reino Unido y Europa continental, por lo que él y su familia se mudaron a Surrey. Allí despidió a 3.500 empleados, pero hizo un importante recorte también en el equipo directivo. En 2014 fue nombrado jefe máximo del grupo.

Los ataques terroristas en el norte de África de hace unos años, la creciente competencia de las aerolíneas de bajo coste y de plataformas online como Booking –y la incapacidad de Thomas Cook para adaptarse al cambio tecnológico–, el caluroso verano de 2018 –que hizo que muchos británicos se quedaran a disfrutar del sol en su propio país– y la incertidumbre sobre el Brexit, que ha hecho caer la libra esterlina, han dado varias puntillas a la compañía.

Uno de los momentos más llamativos de Fankhauser en Thomas Cook se dio en 2015, cuando, contradiciendo a sus abogados, pidió disculpas personalmente por la muerte, ocho años antes, de dos niños en unas vacaciones en Corfú reservadas a través de su empresa, por inhalar monóxido de carbono de una caldera. Quince días antes de las disculpas había declarado en el juicio que la compañía no tenía nada por lo que pedir perdón.

Ahora ha vuelto a pedir disculpas, en esta ocasión a los viajeros y a los empleados abandonados a su suerte por la quiebra. En una carta dirigida a los trabajadores, asegura que su equipo y él han “explorado todas las vías y más para salvar este negocio”. Desde luego, era difícil que hubiera alguien con más experiencia en el sector para hacerlo, pero Thomas Cook no ha podido celebrar su 179 cumpleaños, y él es la cabeza visible del fracaso.

Acusaciones del Gobierno

El Servicio de Insolvencia británico puede inhabilitar hasta 15 años a los directivos por mala praxis. La secretaria de Estado de Comercio de Reino Unido, Andrea Leadsom, ya ha pedido al Servicio que investigue a los directivos de Thomas Cook.

El primer ministro del país, Boris Johnson, que rechazó apoyar un plan de rescate de la agencia, ha criticado que los ejecutivos cobraran altos bonus mientras la empresa “se iba por el desagüe”.