El Dorado, a tiro de piedra de Bogotá

Las ofrendas de oro de Guatavita, origen de la leyenda. La laguna guarda secretos de la cultura precolombina

Laguna de Guatavita
Panorámica de la laguna de Guatavita. Getty Images

A pocos kilómetros de la capital colombiana y a 3.100 metros de altura se encuentra un lugar mítico que durante siglos ha atraído a conquistadores, aventureros y curiosos de todo el mundo. Guatavita, laguna sagrada y centro religioso y ceremonial de los indios muiscas, es también el origen, o al menos uno de ellos, de la leyenda de El Dorado, la mítica ciudad de oro que con tanto afán buscaron los españoles en estas tierras andinas.

Las aguas de Guatavita guardan historias y leyendas de la cultura muisca. Según la tradición, los indios celebraban en esta laguna sus rituales para elegir a sus zipas o caciques. Y lo hacían con una ceremonia en la que el cuerpo del elegido se cubría con polvo de oro y se adornaba con pesadas joyas, también de oro y esmeraldas.

Acompañado por cuatro sacerdotes, montaba en una balsa de juncos cargada de ofrendas que se desplazaba hacia el centro de la laguna. Una vez allí, para conseguir el favor de los dioses, se sacudía el oro y arrojaba al agua las dádivas, que quedaban sumergidas en el fondo del lago. En ese momento, el pueblo muisca, que se mantenía en la orilla de la laguna atento a la ceremonia, lanzaba al agua más figuras de oro. Los muiscas se caracterizaban por su habilidad como grandes orfebres. He aquí el mito de El Dorado. 

La leyenda que envuelve Guatavita la ha hecho muy atrayente para los buscadores de tesoros de todas las épocas. Sin embargo, los intentos por drenar la laguna para sacar sus riquezas han sido infructuosos. Uno de los primeros que lo propuso fue Gonzalo Jiménez de Quesada, el fundador de Bogotá, que en el siglo XVI ordenó vaciarla; después, incluso se llegó a hacer un enorme boquete en uno de los costados para desa­guarla... Todas las tentativas acabaron en sonados fracasos.

La riqueza del lago va mucho más allá de los tesoros que esconde, ya que se encuentra
en una bellísima reserva natural

Pero la riqueza de Guatavita va mucho más allá del oro y las piedras preciosas que atesora. Y es que este lugar es una maravillosa reserva natural con más de 600 hectáreas. Rodeada de un frondoso bosque autóctono, encerrada entre montañas y protegida, con forma perfectamente circular y más de 700 metros de diámetro, la laguna recibe visitantes atraídos tanto por la belleza natural de su entorno como por su historia como lugar sagrado de la cultura precolombina.

Guatavita está rodeada de misterio y secretos que aún no se han descifrado. Actualmente, distintos pueblos originarios, en particular los muiscas, pero también los mamos de la Sierra Nevada de Santa Marta, que cuentan con un permiso especial para transitar por estos lugares ancestrales y sagrados para su cultura, siguen celebrando puntualmente reuniones y rituales a orillas de esta enigmática laguna.

El precio de la entrada a la reserva natural de Guatavita (cuesta 6 euros y está cerrada los lunes) incluye la asistencia de un guía que acompaña el paseo, de algo menos de una hora, por tres espectaculares miradores situados a 3.000 metros de altura.

El Museo del Oro

Museo del Oro de Bogotá
Figura expuesta en el Museo del Oro de Bogotá. Cinco Días

La balsa muisca. La pieza de oro que representa la ceremonia de investidura de los jefes muiscas, conocida como “la balsa muisca”, es uno de los objetos más simbólicos del Museo del Oro de Bogotá, un lugar único en el mundo donde es posible trasladarse al periodo precolonial, y que completa la visita a la laguna de Guatavita. Una intensa labor de recuperación de las miles de piezas esparcidas por el mundo ha dado lugar a esta insólita exposición de auténticas obras de arte. Es un imprescindible en cualquier parada en la capital colombiana.

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