Una victoria política para los partidarios de la sensatez con el Brexit

Un adelanto electoral habría sido de enorme riesgo con los numerosos fuegos que quedan por apagar en el Partido Conservador

Pese al clamoroso espectáculo de división y desorden que la gestión del Brexit está provocando en el Reino Unido ante la mirada atónita del resto de Europa, Westminster mostró ayer, en una sesión histórica y fuertemente acalorada, por qué se autodenomina la madre de todos los Parlamentos. Por encima de la disciplina de partido y de los intereses y lealtades personales, la rebelión de los 21 parlamentarios tories que en las últimas semanas han plantado cara al primer ministro británico, Boris Johnson, cristalizó en la aprobación de una ley cuyo fin es obligar al Gobierno a renunciar a un Brexit duro y a negociar con Europa un nuevo acuerdo de salida, o en caso de no lograrlo antes del 19 de octubre, a solicitar una prórroga de tres meses para seguir negociando.

Gracias a una rebelión que ha abierto aún más la enorme zanja que el Brexit ha dejado en las filas del Partido Conservador, la oposición laborista y los tories disidentes han vetado la posibilidad de una salida sin acuerdo que podría multiplicar la abultada factura que el Brexit está pasando al Reino Unido. Con una opinión pública fuertemente polarizada y los dos grandes partidos políticos en crisis, el coste del divorcio de Londres con Europa puede tratar de cuantificarse económicamente con mayor o menor acierto, pero dejará heridas y divisiones en el país que requerirá mucho esfuerzo cerrar y cuyo montante tampoco se puede calcular.

Pese al fracaso en el Parlamento, Johnson intentó ayer sin éxito la última baza con el movimiento de­sesperado de solicitar un adelanto de las elecciones, previstas para 2022, para el próximo 15 de octubre, con el objetivo de ganar tiempo y reforzar la posición de su partido. Una vez más, una opción política enormemente arriesgada, como demuestra la experiencia de su antecesora Theresa May, que jugó la misma carta y sufrió un descalabro electoral que le pasó una factura definitiva en términos de liderazgo.

En cualquier caso, la decisión adoptada ayer por Westminster no solo ha conseguido frenar, al menos de momento, la indeseable salida abrupta, sino que constituye una importante victoria moral y política para los opositores al Brexit duro. Por otro lado, un adelanto electoral en pleno proceso habría sido de enorme riesgo, cuando quedan por apagar numerosos fuegos encendidos en el Partido Conservador, pero también en una sociedad británica que comienza a preguntarse cuál será la factura de un referéndum al que el país acudió sin saber el coste real de su decisión.

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