Combatir la sombra del CO2 en la factura eléctrica

Vamos a un mercado único de la energía y por el cierre de las nucleares y el carbón la volatilidad de los precios persistirá

Central de Almaraz.
Central de Almaraz.

Las políticas de descarbonización en Europa y en España están impactando de lleno en la generación de electricidad con carbón, la cual se hunde progresivamente. Solo en el mercado español, según datos de Red Eléctrica de España, en lo que llevamos de año dicha producción se ha reducido un 25% aproximadamente respecto al año anterior y la tendencia bajista se ha acentuado en los últimos meses. La industria energética está trabajando para depender cada vez menos del carbón y está apostando paulatinamente por materias primas alternativas como las energías sostenibles o el gas natural.

Esta apuesta por otras energías es importante a la hora de valorar la alarma sobre un posible incremento del precio de la electricidad a corto plazo debido al encarecimiento de las emisiones de CO2 en Europa. De hecho, durante las últimas semanas, algunas patronales han alertado sobre ello y han reclamado medidas para evitar una escalada que, según han apuntado, perjudicaría la actividad empresarial y, por consiguiente, la economía en España. Y es que un escenario de encarecimiento siempre se traduce en una desventaja para las compañías, y es especialmente desfavorable para las micro, pequeñas y medianas empresas, así como para los negocios del colectivo de autónomos.

En concreto, hay estimaciones de un aumento del precio de CO2 de 27 a 35 euros por tonelada, por lo que el impacto en el coste de la electricidad sería considerable en caso de que la dependencia del carbón fuera elevada, teniendo en cuenta que en 2018 el precio por tonelada estuvo por debajo de los 10 euros. Sobre este aspecto es importante recordar que, cuando hablamos del precio de la electricidad, nos referimos al precio de la generación de esta, que representa entre un 40% y un 60% de la factura final. A ello se suman otros costes del sistema como el transporte, la distribución, los impuestos, la potencia, etc. Son varios los elementos que inciden en el importe total que se paga en España, el cual es uno de los más altos de Europa.

Como apuntábamos al inicio, esta tendencia alcista del precio del CO2 responde al proceso de descarbonización en el que estamos inmersos desde hace algún tiempo a escala internacional. La Unión Europea ha marcado a todos los países una serie de objetivos de reducción de emisiones contaminantes, por lo que dicho encarecimiento responde, entre otros, a la voluntad de cumplir con el compromiso medioambiental. Y es justamente este objetivo sostenible lo que permitirá estabilizar el mercado, que actualmente ya no depende exclusivamente del carbón. La subida del precio de la tonelada del dióxido de carbono es una realidad, pero también lo es que dicho mercado tiene un impacto cada vez menor en el negocio eléctrico. Sin embargo, los precios más competitivos del gas están compensando al menos parcialmente la tendencia alcista de los precios del CO2.

Además, para combatir las emisiones de CO2, también resulta fundamental el compromiso adquirido de promover la incorporación de energías limpias, como la eólica o la solar y facilitar su integración en el mercado. En ese sentido, España tiene el deber de concluir esta década con al menos el 20% del consumo de energía final proveniente de fuentes renovables y un 35% en 2030, contexto en el que el carbón prácticamente debería haber dejado de funcionar. A partir de entonces, los problemas derivados de la generación energética serán otros, como la necesidad de mecanismos de flexibilidad en el mercado que mitiguen la volatilidad.

Materias primas con tendencias al alza, energías complementarias más sostenibles, compromisos de país… ¿Cuál es el futuro próximo del coste de la electricidad en España?

No hay una única respuesta para ello. Hay muchos factores que influyen en el precio final de la electricidad. Pero sí hay una cosa clara: nos dirigimos hacia un mercado único europeo de la energía y debido al cierre de las nucleares y el carbón la volatilidad de precios esta aquí para quedarse. En ese sentido, a escala nacional, será clave contar con un consenso general para un nuevo plan energético, que marque el camino hacia el nuevo paradigma del sector: qué pasará con el autoconsumo, la generación distribuida, las nucleares, las centrales de carbón, los desarrollos renovables, las microgrids, la integración del coche eléctrico... todos ellos temas fundamentales para los próximos 15 años. La estabilidad legislativa será crítica para consolidar la confianza internacional y de los inversores, que a su vez influirá, por supuesto, en la estabilidad del mercado y en el precio final de la luz.

Raquel Espada es Vicepresidenta de estrategia energía y sostenibilidad de Emeas de Schneider Electric.

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