Que Aramco salga a Bolsa en Tokio tiene la lógica de su parte

Es la opción más sólida si la OPV acaba produciéndose, y se hace a nivel internacional

Tanque de petróleo de Saudi Aramco en el campo de Shaybah (Arabia Saudí).
Tanque de petróleo de Saudi Aramco en el campo de Shaybah (Arabia Saudí).

La hLa historia interminable en que se ha convertido la oferta pública venta de Saudi Aramco, la petrolera estatal saudí, se acerca a un desenlace en Tokio. La joya de la corona de Riad podría buscar sacar a Bolsa al menos algunas de sus acciones en la capital japonesa, informó ayer el diario financiero estadounidense The Wall Street Journal –lanzaría algunos valores en su mercado local este año, y a nivel internacional en 2020 o 2021–. Aunque este resultado reflejaría en parte las deficiencias de otros mercados de valores, la idea tiene cierta lógica.

A principios de 2017, cuando la inclusión en Bolsa del 5% de Aramco era una idea novedosa, evaluamos los méritos relativos de Tokio como sede de una OPV junto con los de otras seis Bolsas, incluyendo Nueva York, Hong Kong y Londres.

La Bolsa japonesa obtuvo una alta puntuación, por la sólida razón de que el país importa una tercera parte de su petróleo crudo de Arabia Saudí. Si no hubiera sido por el tamaño, la liquidez y la experiencia en cotización del petróleo y el gas del mercado de Nueva York, Tokio habría salido ganando.

Claro, la capital nipona habría quedado por detrás de Hong Kong y Londres si se hubiera excluido el factor del suministro de petróleo. Sin embargo, la dependencia de Japón del crudo del Golfo Pérsico sigue estando muy arraigada, y la competencia ha perdido su brillo.

Londres está inmersa en el Brexit y, en cualquier caso, ha perdido reputación con su torpe plan para facilitar los requisitos de inclusión y así acomodar a Saudi Aramco. Los continuos disturbios de Hong Kong también son una desventaja.

Mientras tanto, Nueva York ha perdido su estatus prémium. Puede que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el príncipe heredero saudí, Mohammed Bin Salmán, sean los mejores amigos, pero aún existe el riesgo de que los saudíes se vean golpeados por la legislación que permite que se les demande por su supuesta participación en los ataques del 11-S de 2001 contra el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono.

Arabia Saudí tiene otro gran vínculo financiero con Japón gracias a los 45.000 millones de dólares (41.000 millones de euros) que ha invertido en el fondo Vision Fund de SoftBank, el grupo de Masayoshi Son.

Dada la brecha sistemática entre la realidad y la valoración deseada para Saudi Aramco por parte de Mohamed Bin Salmán –aspira a que sea de 2 billones de dólares, o 1.800 millones de euros–, sigue siendo posible que no haya una oferta pública de venta en absoluto, o que se limite al mercado doméstico. Suponiendo que haya una salida a Bolsa internacional, Tokio es uno de los pocos lugares que sigue teniendo sentido.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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