Cinco años de transición para dar forma a El Corte Inglés del futuro

En septiembre se cumplirá un lustro de fallecimiento de Isidoro Álvarez

El Corte Inglés cifras pulsa en la foto

El 14 de septiembre de 2014, el presidente de El Corte Inglés desde 1989, Isidoro Álvarez, fallecía en Madrid a los 79 años. El ejecutivo que había llevado al grupo de grandes almacenes a sus mayores cifras de ventas y beneficios, convirtiéndolo en un gigante de más de 100.000 trabajadores, abría un periodo de incertidumbre que, en principio debía ser breve. Antes de fallecer, Álvarez ya había marcado la hoja de ruta: su sucesor como presidente, con plenos poderes de gestión, sería su sobrino, Dimas Gimeno; y el poder accionarial recaería en sus hijas, Marta y Cristina Álvarez.

El próximo mes se cumplirán cinco años de la muerte del histórico presidente. Un periodo en el que, a nivel de negocio, el grupo ha ido recuperándose poco a poco de la caída de ventas y beneficios que sufrió durante la crisis, sin acercarse aún a los niveles precios a la misma; y que a nivel de gobernanza ha estado marcado por una inestabilidad con la que, a buen seguro, Álvarez no contaba al repartir el poder de la compañía.

El nombramiento, ratificado ayer por los accionistas, de Marta Álvarez como presidenta, es el último intento de la compañía de distribución por conseguir una estabilidad que le permita, por fin, centrarse únicamente en la evolución del negocio, y cerrar una prolongada transición.

El enfrentamiento de las herederas de Isidoro Álvarez con Dimas Gimeno provocó la llegada a la presidencia hace poco más de un año de Jesús Nuño de la Rosa, cuyo paso atrás a consejero delegado se explicó desde la empresa como "un proceso natural" para volver al esquema tradicional: que alguien de la familia fundadora fuese el presidente de El Corte Inglés.

Durante el último lustro, el grupo de distribución ha mejorado de forma progresiva sus principales variables. Las ventas de 2018 son un 11% superiores a las del cierre de 2013, último completo bajo la presidencia de Álvarez. El promedio de crecimiento anual ha sido del 2%, una mejora constante pero baja, teniendo en cuenta que entre 2007 y 2013 el grupo perdió el 20% de su cifra de negocios.

Los 15.783 millones ingresados en el último ejercicio siguen estando un 12% por debajo de los casi 18.000 millones facturados en 2007, año récord del grupo, y última referencia previa a la crisis. Más lejos está el beneficio neto: los 258 millones de 2018 están un 68% por debajo de los 805 de aquel año, aunque más lejos estuvieron en 2014, cuando la ganancia fue de solo 118 millones, un 85% menos. Desde entonces, el resultado neto se ha más que duplicado.

Tanto con Dimas Gimeno, como con Nuño de la Rosa y ahora con Marta Álvarez, la prioridad en estos últimos cinco años ha estado en recuperar el impulso de los grandes almacenes. El peso de estos en la facturación del grupo, sumados también los ingresos de Hipercor,llegó a caer por debajo del 71% del total en 2014, cuando siempre se había mantenido en el entorno del 75%, como así ha sido en los últimos dos ejercicios.

La buena salud del negocio tradicional equivale al futuro del conjunto del grupo, de ahí que la compañía haya insistido en los últimos meses en la transformación de estos centros de meros puntos de venta a lugares "experienciales". El mayor ejemplo es la transformación del centro de Arroyosur (Madrid), abierto en 2007 y que desde entonces ha estado entre los centros con peor rendimiento. En él acaban de comenzar las obras para convertirse en MAD-FD, un centro basado en la moda, la restauración y las experiencias, con una inversión total de 100 millones acometida con las empresas que ocuparán sus espacios.

Precisamente, las alianzas con terceros son claves en esta nueva etapa. Y entre ellas destaca la firmada con Alibaba a todos los niveles, y que viene a mostrar que El Corte Inglés se ha percatado de que ya no puede hacerlo todo solo.

Vender o cerrar tiendas deja de ser tabú

  • Patrimonio. Uno de los grandes giros en la gestión de El Corte Inglés en los últimos años tiene que ver con su patrimonio inmobiliario. La venta de 95 centros de la mano de PWC, además de la receptividad a ofertas por otros activos no incluidos en esa cartera, confirma que el patrimonio inmobiliario ha dejado de ser algo intocable. Las circunstancias obligan, ya que estas ventas agilizan la reducción de la deuda financiera, de 3.367 millones a 28 de febrero, cifra que espera bajar en 1.000 con esas ventas. Tampoco es tabú el cierre de tiendas, hasta tres anunciados en los últimos meses: Los Arcos (Sevilla), Bahía Sur (Cádiz), y Plaza Maciá (Barcelona).
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