Los puristas de los bonos verdes subestiman las virtudes del gris

No hay que minusvalorar la deuda emitida por contaminadores para alejarse de los combustibles fósiles

Pastor masái cerca de molinos de viento en Ngong (Kenia).
Pastor masái cerca de molinos de viento en Ngong (Kenia).

Lo ideal es enemigo de lo bueno. Para los puristas, las empresas que emiten bonos verdes solo deberían usar los ingresos para proyectos de reducción de carbono, como parques eólicos. Pero despreciar la deuda emitida por contaminadores para alejarse de los combustibles fósiles, y llamarla “lavado verde”, pasa por alto los beneficios del gris.

La creciente demanda de activos verdes está superando la oferta. En mayo, Países Bajos vendió casi 6.000 millones en bonos verdes, pero recibió pedidos por 21.200 millones. El apetito de los inversores por estos productos es tan alto que tal vez no presten suficiente atención a cómo se despliega el dinero recaudado. Además, los conceptos no estaban claros; pero eso está cambiando. En junio, la Asociación Internacional del Mercado de Capitales actualizó sus directrices sobre los componentes clave de la emisión de un bono verde digno de ese nombre, como la transparencia. Y a principios de año, tres informes preparados para Bruselas establecieron una clasificación para las actividades ambientalmente sostenibles; recomendaron criterios comparables para la emisión de bonos verdes; y establecieron los requisitos técnicos mínimos para los índices de referencia respetuosos con el clima.

Los inversores querrán cada vez más que los prestatarios se adhieran a este tipo de normas. La información extra sobre el impacto ambiental de algunas de sus actividades arroja luz donde no la había. Etiquetar proyectos que son verdes y seguirlos a lo largo de años también lleva el pensamiento ambiental al centro neurálgico financiero de una empresa: su tesorería corporativa, y ayuda a las empresas cuyas actividades tienen un impacto ambiental negativo a iniciar conversaciones con los inversores sobre cómo ser más ecológicas y sus costes.

Todo eso es bueno. Es cierto que una mayor transparencia a veces revela hechos deprimentes, como la brecha salarial por sexos británica, conocida a iniciativa legal del Gobierno. Pero saber qué está mal es el primer paso para arreglarlo. Y es mejor hacer algo que nada en un tema tan urgente como el cambio climático.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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