La demografía, el crecimiento económico y el estado de bienestar

Solo los países que echan más recursos en los jóvenes que en los mayores tienen el futuro asegurado

España es un país envejecido que envejecerá más. Europa es un continente envejecido que también envejecerá más. España y Europa afrontarán, por tanto, problemas financieros derivados de su creciente envejecimiento demográfico, y tendrán dificultades para mantener las tasas de crecimiento suficientes para sostener un estado de bienestar que engorda cuantitativamnente con los años. Además, estos problemas tenderán a agravarse de forma acelerada en las próximas décadas porque en los últimos lustros han surgido circunstAncias adicionales, sobre todo en España, que dificultan la reposición natural de los activos demográficos, que añadirá nuevas tensiones poblacionales en el medio y largo palzo.

Hay dos circunstancias que corren paralelas en la sociedad española y que atentan directamente contra la recuperación del tono demográfico, cuales son la precariedad laboral, propia de un país con una economía de servicios de poco valor añadido y de construcción, y los muy elevados precios de las viviendas, que se han estabilizado tras la crisis en los umbrales logrados antes de la misma, imposibilitando un acceso razonable a la propiedad, y ahora también al alquiler, a la población juvenil. Estos dos factores retrasan la emancipación, que en España se produce en las edades más retrasadas de Europa (menos de uno de cada cinco menores de 30 años ha logrado emanciparse vitalmente), y con ella la reposición vegetativa de la población. Ya ahora la edad a la que las mujeres tienen su primer hijo se acerca a los 31 años, y el número medio de hijos por mujer no supera 1,3, la ratio más baja del continente. Así las cosas, un colectivo creciente de mujeres renuncia voluntaria o forzosamente a la maternidad por la edad a la que puede económicamente afrontarla, y provoca que cohortes cada vez más limitadas entren en la pirámide poblacional.

Por tanto, si a esto añadimos el avance de la esperanza de vida, cada vez menos gente tiene que sostener a más gente, y con necesidades superiores por las enfermedades aparejadas a las edades avanzadas. Salvo una transformación del modelo económico hacia uno mucho más productivo, la sostenibilidad del sistema de salud y pensiones se antoja complicado, máxime si tenemos en cuenta que caídas continuas de población suponen menos demanda y menos crecimiento económico. La falla demográfica es un problema al que no se le presta atención; ni mucha ni poca. Y su trascendencia es capital. Por tanto, si a la preservación del sistema de pensiones decicamos un esfuerzo determinado, el destinado a la recuperación demográfica debe ser el doble. Solo los países que echan más recursos en los jóvenes que en los mayores tienen el futuro asegurado.

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