Los laboristas insuflan sensatez europeísta en la crisis del Brexit

La posibilidad de convocar un segundo referéndum ha pasado a convertirse en una opción seria y con respaldo político

La polvoreda creciente, confusa y dañina –en términos económicos y de estabilidad institucional– en que se ha convertido el Brexit se ha saldado hasta el momento con una abultada factura que incluye una fuerte polarización del electorado y la opinión pública británica y una crisis sangrante en el seno de los dos grandes partidos del país. Mientras una intensa guerra fraticida ha partido a los conservadores en dos y se ha llevado por delante a Theresa May, en los laboristas ha crecido en los últimos tiempos una presión acuciante para lograr que su líder, Jeremy Corbyn, abandonase su ambigua postura en esta cuestión, más cerca del euroescepticismo que del europeísmo, y cerrase filas por la permanencia de los británicos en Europa. Corbyn, que hace unas semanas dio un primer paso en ese sentido al reclamar que el futuro primer ministro conservador someta a referéndum tanto un hipotético nuevo acuerdo con la UE como la posibilidad de un Brexit a las bravas, ha completado ese giro hacia Bruselas al asegurar ayer que su partido defenderá la permanencia de Reino Unido en Europa.

Más allá del cálculo electoral que se pueda esconder detrás de este discurso, especialmente en un momento en el que los laboristas están siendo maltratados por las encuestas, las palabras de Corbyn constituyen un balón de oxígeno y sensatez en medio del mar de excesos en que se ha convertido el Brexit. Pese a que a priori es poco probable que los candidatos conservadores estén dispuestos a apoyar una nueva consulta, el paso adelante hacia Europa que ha dado el líder laborista constituye un cambio de equilibrios sustancial en el juego de ajedrez en que se ha convertido la salida de Reino Unido de la UE. Si tal y como Corbyn aseguró ayer, los laboristas hacen campaña por la permanencia en la UE –incluso en el caso de que se convoquen elecciones generales– y la hacen sin fisuras ni guerrillas, el partido puede convertirse en un foco de reunión no solo para sus votantes, sino para todos aquellos británicos que en su día apoyaron el Brexit y que hoy dudan o incluso reniegan de esa postura.

Al margen del resultado en términos electorales, la posibilidad de convocar un segundo referéndum que permita a los electores de Reino Unido decidir con suficientes elementos de juicio sobre su futuro y su relación con Europa ha dejado de ser una opción más o menos aislada para transformarse en una propuesta política seria dentro del campo de minas en que se ha convertido la política británica.

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