Prepararse para un horizonte económico menos positivo

Es tiempo de políticas sólidas que mantengan o, en su caso, ahonden en reformas estructurales

El récord de afiliación a la Seguridad Social registrado en el mes de junio, que sitúa el número de ocupados en España en 19,5 millones –la mejor cifra de los últimos 12 años, es decir, desde antes del estallido de la crisis– constituye un buen dato, pero un dato cuyo alcance es necesario matizar. Pese a que a retrotrae a un mercado laboral todavía no quebrado por la crisis, la cifra no implica que España haya recuperado todo el empleo perdido desde entonces, un objetivo que está todavía lejos de alcanzarse. Otros indicadores, como la Encuesta de Población Activa (EPA) y la Contabilidad Nacional, dibujan un panorama con un considerable déficit de ocupación cíclica y un porcentaje de empleo no recuperado de hasta un 37%. La abultada cifra de afiliación remite a un incremento sustancial del número de asalariados, pero mayoritariamente con jornadas flexibles y sueldos más modestos. El repunte de afiliación en cualquier caso no puede ocultar el lastre que supone para el sistema el déficit de las pensiones, al modo de una bomba de relojería que solo puede desactivar una reforma profunda, sostenible y escasamente popular que hasta ahora ningún Gobierno se ha decidido a abordar.

Más allá del record de afiliación, los datos de la Seguridad Social reflejan la caída de desempleo más débil registrada en un mes de junio desde 2009, así como una ralentización del ritmo de creación de nuevos puestos de trabajo. Unas cifras que se corresponden con una coyuntura económica en la que se multiplican las señales de desaceleración. El número de turistas extranjeros que visitaron España en el mes de mayo, por ejemplo, supone el peor dato en diez años, consecuencia en parte del derrumbe de llegadas de viajeros franceses y alemanes y de una economía europea que se enfría por momentos. También el índice de actividad industrial PMI muestra una caída tanto en la producción como en los nuevos pedidos en lo que supone el dato más flojo de los últimos seis años. A ello hay que sumar un sector del automóvil que cae un 5,7% de media y que habla ya sin tapujos de “crisis”.

Los signos de desaceleración han dejado de ser advertencias más o menos aisladas para configurar un horizonte que empieza a cargarse de nubes. Por ello es tiempo de políticas económicas sólidas, que mantengan o en su caso ahonden en reformas dirigidas a flexibilizar y liberalizar la economía y a eliminar en lo posible los obstáculos que penalizan la actividad y la competitividad empresarial.

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