Vigilar los costes laborales con la mirada puesta en el futuro

La economía española acumula un pasado reciente lo suficientemente doloroso como para haber aprendido el valor estratégico de una factura controlada

La política de férreo control de costes empresariales, especialmente de costes laborales, llevada a cabo durante la crisis económica constituye una de las variables que explican el vigor con el que la economía española ha recuperado posiciones en términos de competitividad y crecimiento en los últimos años. En un intento por sobrevivir a una debacle que se llevó por delante a miles de empresas, un buen número de compañías aplicaron severos recortes a sus costes de producción, un esfuerzo que requirió en muchos casos de la cooperación y del sacrificio de sus plantillas. Como ejemplo paradigmático del éxito de esa receta se suele citar a la industria del motor, que no solo resistió los embates de la crisis, sino que recuperó musculatura a costa de grandes dosis de esfuerzo y de una estrategia que supo mirar más allá de los sinsabores del momento.

Como suele suceder cuando las economías dejan atrás severos periodos de recesión, la curva de los costes laborales ha ido flexibilizándose al alza a medida que la actividad ha recuperado sus constantes vitales. Los últimos datos, correspondientes al primer trimestre de este año, muestran un estancamiento del coste por hora trabajada en términos absolutos, que se explica por el aumento del número de horas trabajadas debido a la Semana Santa, pero que se convierte en crecimiento cuando se analizan los datos en términos desestacionalizados. Con ese repunte, de nueve décimas y que sitúa el avance en un 2,4%, España encadena más de dos años de tasas positivas en la serie histórica corregida. Por sectores, las alzas apuntan a los servicios inmobiliarios, las actividades artísticas, la Administración Pública, el comercio al por mayor, la educación y la sanidad. En la industria, la factura se mantiene sin grandes alteraciones.

La economía española acumula un pasado reciente lo suficientemente doloroso como para haber aprendido el valor estratégico de una factura controlada de costes laborales. Esa experiencia aconseja vigilar la tendencia creciente de esos costes al alza, aunque no sea necesario hacerlo con el mismo rigor ni con la misma homegeneidad que en los años de la crisis, dado que hay sectores y empresas que disponen de más margen que otras a la hora de levantar el pie del freno. En cualquier caso, esa vigilancia no constituye una garantía en sí misma, sino que debe ir acompañada también de una apuesta por la tecnología y la digitalización que permita a las empresas competir para el futuro.

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