Eloy Martínez de la Pera: “Balenciaga era un ‘millennial’, un transgresor”

Experto en arte y moda, es el comisario de la exposición sobre el diseñador vasco y la pintura española, que se inaugura el 18 de junio en el Museo Thyssen-Bornemisza

Eloy Martínez de la Pera.
Eloy Martínez de la Pera.

Es el artífice de la gran exposición que vestirá de elegancia el verano madrileño. Eloy Martínez de la Pera (Salinas de Añana, Álava, 1967) es el comisario de la muestra Balenciaga y la pintura española, que se exhibirá en el Museo Thyssen-Bornemisza desde el 18 de junio hasta el 22 de septiembre. Se trata de la primera gran exposición dedicada al modisto vasco (1895-1972) que se presenta en Madrid en casi 50 años, para la que han seleccionado 90 piezas de indumentaria, muchas de ellas nunca antes expuestas, y un conjunto de 55 cuadros, entre los que destacan obras del Greco, Velázquez, Murillo, Carreño de Miranda, Zurbarán, Goya, Madrazo o Zuloaga.

Con una formación académica centrada en el campo de las relaciones internacionales, actualmente Martínez de la Pera es el director general de la empresa [sintítulo] proyectos, dedicada a actividades cuyo objetivo es aunar las distintas vertientes de la cultura y el arte en proyectos integrales. A lo largo de una hora de entrevista va desgranando con detalle, exquisitos modales y gran énfasis, todos los pormenores de la muestra que está a punto de estrenar, así como la relevancia del diseñador de moda español más admirado e influyente de todos los tiempos. De hecho, es miembro del patronato de la Fundación Cristóbal Balenciaga, y uno de los profesionales más destacados en temas de protocolo internacional y etiqueta social.

¿Por qué era necesario este reconocimiento a Balenciaga?

Porque no ha habido otro diseñador como él. Ahora se habla de millennials, de generación Z, pero Cristóbal era más millennial que nadie, porque fue el más transgresor, mucho más que todos aquellos que utilizan ahora Instagram. Muchas prendas y siluetas que se ven ahora en las grandes calles de Madrid, París o Nueva York se deben a Cristóbal Balenciaga. Viendo cuadros de El Greco, Goya o Zurbarán se descubre lo exquisito del diseñador, también en la finura de Pantoja de la Cruz. La gente que acuda a ver esta exposición se va a llevar una grata sorpresa al descubrir este universo estético, y la historia del más grande maestro de la alta costura del siglo XX.

¿Cuánto tiempo se tarda en preparar una muestra de semejante envergadura?

Empecé en 2013, casi seis años. Se necesita mucho tiempo para conseguir reunir casi 10 Grecos, más de 50 cuadros, 13 de ellos procedentes del Museo del Prado, cinco Zurbaranes, muchas obras no se habían movido nunca… Tenemos a La duquesa vestida de blanco, cedida por la Casa de Alba, piezas de Sánchez Coello… Refleja esa infancia de Balenciaga, cuando acompañaba a su madre, costurera de la marquesa de Casa Torres. Allí, en ese palacio de Guetaria, comenzó a descubrir los cuadros de Velázquez, Goya, el Greco, mientras su madre hacía labores de costura. Fue un hechizo entre el arte y la alta costura.

¿Qué diría Balenciaga si viera cómo se ha relajado ahora la indumentaria y viera a las marquesas usando deportivas?

Las marquesas en aquella época vestían alta costura porque tenían agendas sociales con muchas apariciones públicas. Todo eso ha cambiado, en EE UU y Europa en los años sesenta habría 5.000 clientas de alta costura y ahora apenas quedarán 250 en todo el mundo. Lo que ha cambiado es la vida social del aristócrata y de la alta burguesía. Ahora se hace alta costura para celebrities o como elemento nupcial. No hay consumidores de alta costura, ni alfombras rojas, ni momentos especiales. Balenciaga o Dior tenían contratadas a 500 o 600 personas, eso ahora no existe. Se ha cambiado por el prêt-à-porter, por la industrialización de la alta costura. Se han perdido los oficios relacionados con la moda, aquellos que existían en el París de los años 30, plumistas, mujeres que trabajaban el encaje… todo aquel valor manual que se le otorgaba a una prenda.

Por el contrario, se ha creado una gran industria.

Y por eso es difícil. La moda cambia y esa temporalidad hace que todo vaya más rápido. Los clientes ya no invierten en piezas, ahora se consume de otra manera. Es por ello que los diseños de Balenciaga permanecen vigentes, cuando las piezas de alta costura tienen una vida más corta.

¿Qué le parece el fenómeno Zara?

Es comprensible. Si la moda nos representa o nos proyecta, tenemos tantos estados de ánimo que nos gusta cambiar. Ya no queremos moda para toda la vida, queremos cambiar y elegimos según nuestro sentir cotidiano. Ya nadie quiere conservar una prenda para toda la vida.

Pero un buen abrigo es un buen abrigo.

Pero no quiero vestir con 25 años igual que con 50. La moda evoluciona con la sociedad. Y los grandes de la moda han sabido interpretar los cambios, como la incorporación de la mujer al trabajo. Chanel aportó la funcionalidad en la costura. Balenciaga tomó el relevo y separó un centímetro la prenda del cuerpo de la mujer. Conocía todos los procesos por los que pasaba una prenda, sabía todos los secretos del patronaje y del ensamblaje, de manera que la mujer pudiera moverse dentro de la prenda.

Ha organizado exposiciones sobre moda femenina [Sorolla y la moda, Givenchy, Paco Rabanne, entre otras], ¿la masculina tiene interés artístico?

La moda de etiqueta masculina apenas ha evolucionado. El vestir masculino está muy compartimentado. Existe la etiqueta de día, de cóctel y noche, y eso no ha cambiado en 200 años. Sería muy difícil hacer una exposición en la que encontremos creatividad.

¿Hacia dónde evolucionará la moda?

La industria del lujo se está volcando en lo urbano, con accesorios y prendas como las sneakers, las sudaderas... Hay una tendencia hacia lo unisex, a hacer moda más transversal, que es lo que demanda la sociedad.

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