La industria del motor debe prepararse para la revolución limpia

La caída de la demanda en el motor es tradicionalmente un indicador adelantado de desaceleración económica

El importante mercado que Europa supone para la industria del motor española –es el destino de casi el 85% de las exportaciones de vehículos– vive tiempos adversos, y lo hace en medio de una inestabilidad creciente que está retrayendo la demanda de automóviles y comenzando a hacer notar esa tendencia en la producción de España. Los datos apuntan a que durante los cuatro primeros meses del año, las factorías españolas dejaron de fabricar casi 55.000 unidades respecto al año pasado, lo que supone un retroceso del 5,5% en total. Tampoco las matriculaciones en el mercado nacional han ayudado a revertir los recortes, dado que han disminuido en torno a un 5%.

Un vistazo al mercado europeo muestra un panorama preocupante, con caídas en la demanda que suman ya ocho meses consecutivos y que tuvieron su inicio en septiembre de 2018, cuando las matriculaciones se desplomaron por efecto de la exigente normativa sobre emisiones de CO2. Pese a que ese primer impacto frontal de la legislación verde sobre la industria parece haberse suavizado, el consumo ha continuado retrocediendo de forma constante, en parte por la incertidumbre que provoca en las decisiones de compra de los usuarios la perspectiva de una transición hacia vehículos limpios y en parte por el efecto corrosivo de la inestabilidad internacional. Mientras la guerra comercial entre China y EE UU está concentrando las exportaciones españolas en los dos principales mercados europeos, Francia y Alemania, el Brexit ha reducido sustancialmente las ventas a Reino Unido. El mal comportamiento del mercado turco ha golpeado también a algunas factorías españolas, como la de PSA en Vigo, que en abril vio caer un 50% sus matriculaciones.

La caída de la demanda en el motor es tradicionalmente un indicador adelantado de desaceleración económica, cuya sombra no se limita a Europa, sino que tiene un alcance global. La reacción de la industria ante este enfriamiento ha sido adoptar recortes de producción en las factorías. Así ha ocurrido con Nissan en Barcelona, que en mayo acordó un ERE de 600 personas, y que prevé recortes también en Cantabria, o con Ford en Almussafes (Valencia), donde se reducirá de forma temporal la producción y los turnos. Más allá del coste que supone para las arcas públicas el recurso a los expedientes temporales de empleo, por lo que conviene no abusar de este instrumento como parche ante las fluctuaciones de la demanda, el gran reto que la industria del automóvil tiene por delante en España es preparse para la transición hacia los vehículos limpios y posicionarse antes que sus competidores en un segmento que tiene la llave del futuro.

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