Antigua, esplendor sobre las ruinas

La ciudad colonial es uno de los sitios más bellos de Guatemala

Antigua
Arco de Santa Catalina, con el volcán Agua al fondo.
Antigua Guatemala

Volcanes amenazantes y pequeños cerros rodean el valle de verdes cafetales donde se levanta la muy noble y muy leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, hoy conocida como Antigua, uno de los destinos más bellos del país centroamericano. La naturaleza no solo no ha sido bondadosa con esta vieja metrópoli mimada por la Corona española durante la conquista de América, sino que ha devastado la ciudad en varias ocasiones debido a la inestabilidad sísmica del territorio donde se asienta, al sur del país.

Iglesias, conventos, capillas, catedrales, escuelas universitarias, mansiones y palacios, considerados entre los más esplendorosos exponentes del barroco español, se han derrumbado una y otra vez durante siglos como un castillo de naipes con cada temblor.

Una y otra vez se sobrepuso a volcanes y terremotos

Uno de los más virulentos ocurrió el 29 de julio de 1773 –el tercero en el mismo siglo– y acabó con la ciudad y su capitalidad de más de 200 años. El tiempo se detuvo para siempre y es ese paisaje urbano de otra época el que enmarca el casco antiguo de esta majestuosa y bulliciosa urbe Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Parcialmente restaurada, conserva sus calles empedradas, espléndidos templos, edificios coloniales de fachadas de colores ocres y cubiertas rojizas y bellísimas ruinas... casi en cada esquina. Como los restos del convento de La Recolección, la antigua catedral o la iglesia de San Francisco, reconstruida. Uno de los templos más representativos es La Merced, con su fachada amarilla y adornos blancos, coronada por dos torres.

Uno de los atractivos es ascender las montañas de fuego que rodean la vieja capital para contemplar las vistas

Entre los edificios civiles destaca el antiguo Palacio de los Capitanes Generales y el ayuntamiento.
A pesar de su pequeño tamaño, Antigua es un destino para dedicarle al menos dos días, callejear tranquilamente y disfrutar de su ambiente universitario, descubrir rincones increíbles, como sus encantadores patios o el Arco de Santa Catalina, del convento homónimo –hoy convertido en hotel–, por donde cruzaban las monjas de clausura sin ser vistas. A su espalda, el volcán Agua compone una imagen singular y apabullante.

Miradores y mercados

Si le gustan las caminatas puede contratar un guía que le lleve hasta el cráter. La ascensión se realiza desde la localidad de Santa María de Jesús, a 9 km de Antigua. La subida a esta montaña de fuego inactiva de más de 3.700 m de altura le llevará entre cuatro y cinco horas, pero no le defraudará. Las vistas desde el cráter son impresionantes y el acompañante local le habrá amenizado el camino con historias fascinantes de los mayas.

A hora y media de Antigua –si con mucha suerte no pilla atascos– está el volcán Pacaya, uno de los más violentos y activos, famoso por sus ríos de lava, aunque por sus erupciones ya no se puede subir al cráter y tendrá que ir con un experto. Desde la capital colonial hay dos visitas, una por la mañana y otra por la tarde, que coinciden con la puesta de sol y unas vistas increíbles de los volcanes Agua, Fuego y Acatenango. A este último se suele subir para contemplar el amanecer. Espectacular. 

Uno de los populares mercados de Antigua.
Uno de los populares mercados de Antigua.

Le recomendamos asomarse a alguno de los coloridos mercados donde descendientes de los mayas ofrecen sus cuidadas artesanías o venden todo tipo de frutas, verduras y otros productos a los turistas a buen precio. Los más célebres son el de El Carmen, de artesanías (solo funciona los fines de semana y no podrá evitar el regateo), y el de abastos en la plaza Central, donde entre los puestos se amontonan vendedores, porteadores de mercancías y turistas.Despídase de Antigua desde el Cerro de la Cruz y su imponente panorámica.

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