La búsqueda del valor real de las empresas en la inversión

Esta estrategia por carreteras secundarias, fuera de los focos y el brillo de las compañías de moda, ha dado buenos resultados

España se ha convertido en el más notable nicho de la inversión en valor, del value investing, con cerca de 15.000 millones bajo gestión en manos de unas cuantas boutiques de inversión independiente. Una cantidad que sigue siendo una muy limitada parte de los cerca de 400.000 millones de euros que los españoles tienen en manos de los gestores de fondos de inversión nativos y extranjeros, pero una cantidad creciente, y que juega en abierta competencia en este selecto club de gestión patrimonial. El creciente auge de este tipo de manejo del dinero, que arranca a mediados del siglo XX en Estados Undos con Benjamin Graham y que prolonga Peter Lynch, o el mismo Warrent Buffet, uno de los hombres más ricos de mundo y que han construido su fortuna utilizando este estilo de inversión, se debe precisamente a su réplica en España por parte de Bestinver y su exprimer responsable, Francisco García Paramés. De tal escuela han salido los alumnos que han buscado fortuna de forma independiente y que ha consolidado unas cuantas firmas con resultados muy jugosos en los últimos años: además del propio Bestinver, Azvalor, Magallanes, Cobas... y unas cuantas firmas de pequeño tamaño en la capital y fuera de ella.

La inversión en valor, en la que primero se refugiaron grandes fortunas pero que se ha extendido ya a patrimonios medios entre los particulares, busca empresas con buenos fundamentales económicos, pero infravaloradas por alguna circunstancia, y echando mano de la paciencia, espera a que el mercado aflore el valor real de la compañía. Aprovecha los vaivenes del mercado precisamente para capturar participaciones de empresas con grandes desequilibrios entre el valor y el precio, santificando el concepto de margen de seguridad. Desprecia las decisiones de la política económica, salvo cuando provocan seísmos en los precios de las acciones, y concentra los esfuerzos en el conocimiento del mercado en el que opera cada empresa. Focaliza la apuestas en compañías aburridas, poco sexis para el mercado, preferentemente de gestión familiar, con buenas cuotas de mercado en su actividad, de bienes o servicios de utilización recurrente y a ser posible sin deuda alguna.

Esta manera de conducir la inversión por carreteras secundarias, fuera de los focos y el brillo de las chispeantes compañías de moda, ha dado buenos resultados en las últimas décadas a quienes han tenido la paciencia precisa, que combinada con razonables y regulares retornos por dividendos, puede ser una alternativa a considerar por los particulares fuera de la industria tradicional de los fondos.

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