Un repunte que aleja los peores augurios pero invita a mantener la guardia

España sigue siendo la economía más vigorosa de Europa, pero la mejora no es lo suficientemente fuerte ni prolongada como para ignorar los riesgos

La economía española y el conjunto de la europea han comenzado el año con bastante mejor pie del que lo terminaron. Pese a los nubarrones que presagiaban una creciente desaceleración de la actividad, Europa ha cerrado este primer trimestre de 2019 con una inyección de oxígeno que neutraliza, al menos, de momento, los malos augurios y oscuras previsiones de los últimos meses y supone un respiro tras dos trimestres de exiguo crecimiento en la región. Los datos de la contabilidad nacional, publicados ayer por el INE, revelan que España sigue siendo la economía más vigorosa de Europa, al avanzar un 0,7% en estos primeros meses de 2019 –una décima por encima del ritmo con el que cerró 2018– y lograr un crecimiento internual también una décima mayor. El repunte en la zona euro y en la Unión Europea ha sido de dos décimas respecto a los últimos meses del año pasado, pero ambas mantienen una tasa de actividad por debajo de la española. Aunque la mejora no es lo suficientemente fuerte ni prolongada como para poder desentenderse de los numerosos riesgos que siguen poblando el horizonte de la economía mundial, sí permite alejar la perspectiva de un abrupto estancamiento o incluso de una recesión a corto plazo en la UE.

El buen comportamiento de España se explica en buena medida por el crecimiento de la inversión, especialmente en el capítulo de maquinaria y bienes de equipo, lo que supone una señal de confianza por parte de las empresas. La contribución de la demanda interna se ha reducido ligeramente respecto al cuarto trimeste de 2018, pero la externa se ha recuperado cuatro décimas y refleja el avance de una zona euro que sigue siendo el primer mercado exterior de España. Italia, uno de los focos de mayor preocupación en la región, ha salido de la recesión técnica al crecer un 0,2% mientras que Francia ha avanzado un 0,3%, a la espera de unas cifras de Alemania que todavía no han sido publicadas.

Pese a todo, el complejo mapa de corrientes y contracorrientes que vive el mercado mundial invita a mantener la guardia. España debe aprovechar el vigor de la economía para implementar las reformas liberalizadoras que tiene pendientes, mantener unos costes laborales racionales y trabajar para recuperar el clima de estabilidad política. Ello exige la formación de un Gobierno estable y con vocación de permanencia, que sea capaz de aplicar una agenda económica para facilitar el crecimiento y preparar la economía para los retos del futuro.

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