La vida humana en Marte empieza ya en Cantabria

En junio verá la luz ‘Astroland’, un proyecto que simulará la vida humana en el planeta rojo en una cueva cántabra

Por 10.000 euros, los ‘astrolanders’ se enrolarán en misiones de 100 días

Dos 'astrolanders' investigan en la cueva de Arredondo, en Cantabria.
Dos 'astrolanders' investigan en la cueva de Arredondo, en Cantabria.
Arredondo / Santander

A grandes saltos, de roca en roca y esquivando lodazales donde no es difícil meter la pierna hasta la rodilla, Marcos Gandioga avanza por la cueva. A juzgar por la tonalidad roja de las piedras, el lejano rumor que llega del generador eléctrico y, sobre todo, por la cámara de aire con aspecto de nave espacial que preside la estancia, el guía podría estar en Marte, en 2035, que es, año arriba, año abajo, el momento en que los expertos calculan que el ser humano empezará a intentar habitar el planeta rojo. Pero está en abril de 2019, en Cantabria, en una de las 292 cuevas de la localidad de Arredondo donde, a partir del próximo 15 de junio, dará el pistoletazo de salida el proyecto Astroland. “¡Podría hacer este camino con los ojos cerrados!”, dice el guía entre risas mientras va de un lado a otro, como si en su cuerpo ya operase la gravedad marciana, un 62% menor que la que existe en el planeta Tierra.

Unas horas antes, en un centro de operaciones ubicado en el parque tecnológico de Santander –a casi 27 kilómetros de Arredondo–, a David Ceballos, impulsor de la idea, se le ilumunia la cara como a un niño al explicar Astroland. Se trata, ante todo, de un proyecto científico que va a permitir ensayar cómo podría ser la vida humana en el planeta rojo dentro de algo más de una década. “El objetivo último es alcanzar el mayor nivel de autosuficiencia y desarrollar la tecnología y las habilidades que permitan vivir más o menos con normalidad”, explica Ceballos. Para ello, contará con la colaboración y el asesoramiento de un nutrido grupo de científicos que, desde Santander, irán desarrollando programas de investigación reales gracias a la información recogida sobre el terreno por los astrolanders, otra de las patas fundamentales del proyecto.

Astroland cuenta ya con 600 personas inscritas. De ellas, 143 han completado los distintos formularios para entrar en el proceso de selección, y 50 se encuentran en el último paso: la entrevista personal. “Nos estamos encontrando con perfiles muy diversos, procedentes de Asia, África, Europa y América. La edad media ronda los 30 años, y el inglés es la lengua vehicular. Lo común a la mayoría es que son personas activas físicamente y con ilusión por cambiar el futuro”, afirma Daniel Torres, encargado de este último filtro.

A cambio de 10.000 euros se puede acceder a la experiencia completa. Esta se compone de una misión de 100 días que incluye, desde 90 días antes de entrar a la estación Ares, nombre que recibe la cueva de Arredondo, dieta personalizada, formación en investigación y un programa de entrenamiento físico que se lleva a cabo desde el lugar de residencia. Tres días antes de acceder a “Marte”, los viajeros deben viajar a Santander para pasar las pruebas físicas (que incluyen preparación ante la ingravidez en un tanque de agua), recibir formación en escalada y espeleología, mentalizarse y entrar en la misión.

Una vez dentro, cada participante deberá llevar a cabo distintas tareas conforme al rol que se le haya asignado: habrá biólogos para estudiar nuevas formas de vida, psicólogos para cuidar el equilibrio mental del grupo y encargados de cuidar las infraestructuras, el mantenimiento y los cultivos. Los astrolanders estarán monitorizados las 24 horas del día desde el parque tecnológico de Santander. Desde allí, los investigadores se comunicarán con ellos para comentar el devenir de la misión, recoger la información que recopilen y vigilar que todo transcurre con normalidad. Ante cualquier complicación, la cueva tiene un botón del pánico que activa a un equipo de experimentados espeléologos capaces de llegar al corazón de la estación subterránea en cuestión de minutos.

Estación central de Santander desde la que se monitorizará la misión.
Estación central de Santander desde la que se monitorizará la misión.

María Rodríguez, una cántabra de 27 años, es una de las 50 personas preparadas para entrar en una misión. Ha trabajado en hostelería, turismo y como guía de rutas, y está dispuesta a emplear buena parte de sus ahorros en poder vivir la experiencia. “Lo que más me llama la atención es la posibilidad de vivir algo nuevo, de vivir una aventura total”, explica, nerviosa tan solo ante la posibilidad de ser una de las personas elegidas.

Precedentes y puesta a punto

Astroland no es el primer ensayo de la futura vida en Marte. Hace dos años, la NASA ya lo hizo en un volcán de Hawai, y la Agencia Espacial Europea hizo lo propio casi a la vez en Lanzarote. El de David Ceballos sí es, sin embargo, el primer proyecto que parte de la premisa de que la vida en el planeta rojo deberá darse en el interior de tubos volcánicos y en cuevas parecidas a las de Arredondo, pues Marte carece de atmósfera y la radiación de la superficie supone una importante dificultad.

“Está todo bastante pensado. Va a ser muy interesante”, observa Gandioga mientras muestra el habitáculo en el que van a pasar varios días los astrolanders. Él solo lidera un equipo de 10 personas que se afanan en que todo esté preparado de cara al estreno. No es para menos: la vida humana en Marte está a punto de empezar en Cantabria.

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