El error de construir en detrimento de conservar

Los políticos deberían mantener bien las carreteras antes de abrir nuevos tramos

El error de construir en detrimento de conservar

E l secretario de Estado de Infraestructuras, Pedro Saura, declaraba el pasado 6 de febrero que “el objetivo del Ministerio de Fomento es invertir 20.000 millones en 2019 y 2020 para corregir el déficit de inversión de años anteriores”. Añadía que hay un deterioro del capital público en España, admitiendo que la falta de inversión de los últimos años está provocando un que empeore el estado de las infraestructuras, carreteras, trenes y puertos. Saura afirma que “la inversión en los últimos 40 años ha sido muy importante, lo que nos permite estar en la media de los países europeos más desarrollados”, pero alerta de que “se está deteriorando” y que “España debería invertir, al menos, una cantidad equivalente al 2,5% del PIB para sostener el pulso inversor y mantener las infraestructuras ya construidas”.

Es una buena noticia que un responsable del Ministerio de Fomento exprese con meridiana claridad la falta de inversión que llevamos sufriendo en los últimos años y el riesgo que esto supone para la movilidad, seguridad y competitividad del país. Sin embargo, Saura se deja lo más importantes en el tintero: no habla de la urgencia y la prioridad de conservar y mantener las actuales infraestructuras antes de lanzarse a construir otras nuevas. Y lo malo no es que no lo haya dicho, lo terrible es que tampoco ha evidenciado que lo entiende, porque en los Presupuestos Generales 2019, que finalmente no verán la luz, queda meridianamente clara su apuesta por construir en detrimento de conservar. O si se quiere, utilizando el lenguaje político, el secretario de Estado de Infraestructuras ha priorizado el cortar cintas al promover la eficacia y eficiencia que todo gestor público debe buscar en sus planteamientos de inversión, algo que les cuesta entender a nuestros políticos.

En sus mandatos de cuatro años, los políticos se afanan por vender a los ciudadanos lo mucho que han hecho por el país, buscando el titular que propicia el cortar cintas. Sin embargo, estoy seguro de que los políticos que piensan de esta manera se equivocan y que la mayoría de los ciudadanos preferiríamos constatar que han mejorado la movilidad y la seguridad de las carreteras y que han minimizado las emisiones de los vehículos y su mantenimiento a que antepongan a ello el corte de cintas con nuevos tramos de carretera que, incluso admitiendo que puedan ser necesarios, no son algo tan prioritario como lo es mantener lo que ya está construido y que todos venimos utilizando.

Me cuesta creer que cortar cintas sea una fuente real de votos para los políticos en las venideras elecciones, aunque lo cierto es que, sea cual sea su color, todos priorizan las inauguraciones olvidándose de las conservaciones. Tal vez, no lo sé, tengan razón y las encuestas les conduzcan a sobrevalorar la importancia de cortar cintas, pero seríamos muy poco inteligentes quienes tendremos que depositar nuestro voto en la urna si en lugar de valorar la movilidad, la seguridad y la competitividad, preferimos que nos vendan una cinta.

Pediría a los políticos, en mi nombre y en el de todos los ciudadanos, que piensen como usuarios y prioricen la conservación y el mantenimiento de las carreteras –que es una forma de optimizar la movilidad y la seguridad de todos– en lugar de lanzarse a anunciar y construir nuevos tramos en detrimento de mantener los que ya tenemos y utilizamos.

Los responsables de Fomento vienen afirmando que no hay dinero para construir lo nuevo que necesitamos y conservar lo que ya tenemos. Eso no es exactamente así. Hay dinero para conservar y mantener lo que tenemos pero no hay suficiente dinero, además, para construir lo que quieren los políticos para movilizar el voto ciudadano. Que el corte de la cinta vende mucho, repito.

Desde ACEX, la Asociación Española de Empresas de Conservación y Explotación de Infraestructuras, hemos detallado públicamente que la red de carreteras del Estado, que abarca 26.400 kilómetros de vías de los que 14.500 corresponden a carreteras convencionales, supone un coste de conservación y mantenimiento de unos 1.300 millones de euros al año.

La inversión presupuestaria real por este concepto, en el pasado año 2018, alcanzó los 760 millones de euros -descontados los 200 millones que se dedican al pago del peaje en sombra de las autovías de primera generación en lo relativo a construcción y financiación-, por lo que el déficit de conservación y mantenimiento de carreteras de la red del Estado sería de 540 millones de euros.

En los Presupuestos Generales del Estado para 2019, que no fueron aprobados por las Cortes y que han motivado la celebración de elecciones el próximo 28 de abril, el incremento destinado a la inversión en ferrocarriles era de 878 millones de euros, pues se pasaba de 3.423 millones a 4.301 millones de euros.

¿Es creíble que no se puedan dedicar 540 millones de euros a la conservación y mantenimiento de las carreteras, máxime cuando el 91% del transporte de pasajeros y el 84% del transporte de mercancías se realizan en España por dichas vías? Es seguro que podría realizarse un ajuste y destinar esa diferencia a mantener nuestra red vial, y si no se presentó así, tal vez la razón radique en que para los políticos vende más el AVE que la carretera, que vende más construir y cortar cintas que conservar infraestructuras necesarias y prioritarias para el país y los ciudadanos.

Es fundamental concienciar a la clase política de que hay que favorecer la movilidad y la seguridad de los ciudadanos.

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