Las empresas y las familias, preparadas para lanzar la inversión

Si persiste la facilidad del crédito y se practica una política económica amable con los negocios, es oportuno pensar que la tendencia desaceleradora de la actividad remontará

El lento, fatigoso y exigente proceso de desapalancamiento de los agentes privados no financieros de la economía (las empresas y las familias) ha llevado los niveles de endeudamiento conjunto hasta el 133% del PIB al cierre del ejercicio pasado, frente a casi un 200% alcanzado en 2012, en plena segunda sacudida de la gran recesión. Las empresas deben ahora por valor del 74,5% del PIB, y las familias, del 59%. Si en aquellos peligrosos momentos el peso de la factura de sus pasivos puso contra las cuerdas a centenares de empresas y de hogares, hoy la situación financiera de ambos colectivos es mucho más aliviada, tras varios años de un crecimiento económico que ha recompuesto el empleo, la renta disponible de las familias y los beneficios de las empresas, sustentados todos ellos también con la inigualable colaboración de unos tipos de interés muy baratos. Así las cosas, tanto las sociedades no financieras como los hogares están en disposición de lanzar un nuevo ciclo de inversión que sostenga el crecimiento en los próximos años.

En paralelo a este desapalancamiento intenso, las empresas han saneado sus balances y han enfocado la inversión a las franjas productivas con más demanda, muchas de ellas desde el mercado exterior; y las familias han cambiado tanto la fisonomía de sus finanzas que ahora disponen de récord de activos financieros, y prácticamente de récord también en el activo financiero neto, a no ser por el ajuste de los precios de las acciones en el último trimestre del ejercicio pasado. Si el primero llega a los 2,15 billones de euros, el segundo es de 1,37 billones, mientras que la deuda solo alcanza los 781.000 millones de euros. Tan saneadas son las cuentas de los hogares que únicamente con el efectivo y depósitos en la banca (880.000 millones) podrían amortizar de golpe todas las deudas (los citados 781.000 millones). Lógicamente, en España unas familias tienen los activos y otras las deudas, aunque como agente económico agregado dispone de una situación muy holgada.

Tales posiciones financieras, la de las empresas y la de las familias, es inmejorable para activar tanto la inversión como el consumo interno y prolongar el ciclo alcista de la economía iniciado en 2014, que se ha desenvuelto, además, con una solidez desconocida en ciclos pasados, con reiterados superávits por cuenta corriente, sorpresivamente desconocidos en la economía española. Si persiste la facilidad del crédito, por liquidez y tipos, y se despeja el horizonte de incertidumbre política que ha marcado los tres últimos años, y se practica una política económica amable con los negocios, es oportuno pensar que la tendencia desaceleradora de la actividad remontará.

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