Siete planes imprescindibles en Ciudad del Cabo

La capital sudafricana es vibrante, cosmopolita y llena de contrastes.

Table Mountain, la imagen más famosa de Ciudad del Cabo.
Table Mountain, la imagen más famosa de Ciudad del Cabo.

Una montaña con la cima rota parece menos montaña. Desde el aire, la cresta de Table Mountain parece menos plana y sus paredes verticales se desploman mil metros hacia el suelo hasta envolver Ciudad del Cabo en la bahía del mismo nombre. De este a oeste, la meseta flanqueada por el Pico del Diablo y la Cabeza de León apenas tiene 3 kilómetros de recorrido. Con todo y roma, la Montaña de la Mesa tiene algo de mágico quizá por los vientos que la soplan o las nubes que la coronan, al arbitrio del clima y las condiciones atmosféricas. Es, sin duda, el mejor mirador natural de esta metrópoli y hasta él se encaraman los turistas –extranjeros y locales– para disfrutar de las mejores vistas, si el tiempo lo permite.

Table Mountain es la imagen más famosa y fotografiada de Ciudad del Cabo, un parque natural que no le defraudará tanto si decide subir a pie –unas tres horas de recorrido– por rutas que harán las delicias de senderistas y amantes de la naturaleza, como si opta por la comodidad del teleférico con vistas 360 grados –unos 20 euros– o por soltar adrenalina a vista de pájaro desde un helicóptero –unos 60 euros–. Esta última opción le ofrecerá de un vistazo una magnífica panorámica de esta vibrante urbe.

La ciudad madre

La capital legislativa de Sudáfrica es la sede del Parlamento y es también la ciudad más cosmopolita del país, una metrópoli multicultural y multirracial llena de contrastes, no siempre amable y a veces arisca con el visitante. La llaman la ciudad madre porque es la más antigua y fue baluarte estratégico de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y su trasiego de mercancías entre África, India y Asia.

El mar y el cielo marcan la vida de Ciudad del Cabo.
El mar y el cielo marcan la vida de Ciudad del Cabo.

Como en otras urbes sudafricanas, sus alrededores y carreteras de acceso están llenas de township. Una interminable sucesión de chabolas donde se hacina población negra, como si poco o nada hubiera cambiado en este país tras la abolición del régimen de apartheid. Una bofetada de realidad.

Una de las excursiones inevitables y que también le sobrecogerá es la visita a la isla de Roben, a 12 kilómetros de la costa. Un recorrido que parte de la Torre del Reloj, también conocida como Nelson Mandela Gateway, en el puerto de V&A (llamado así en honor a la reina Victoria y su hijo, el príncipe Alfred). La isla se convirtió en un baluarte de defensa durante la Segunda Guerra Mundial y en lugar de destierro, aislamiento y prisión. Allí pasó 18 años de cautiverio el líder del movimiento antiapartheid Nelson Mandela. Su celda se puede visitar. El Museo del Distrito 6 le ofrecerá una visión bastante exacta de la historia reciente de Sudáfrica.

De vuelta al Waterfront V&A puede aprovechar para recorrer esta zona, una de las más relajadas y más animadas, llena músicos callejeros, comercios, restaurantes de todo tipo con vistas al mar y edificios que datan del siglo XVIII y que hoy son sede de mercados variopintos, tiendas de artesanía y bares.

Una de las casas de colores del popular e histórico barrio malayo de Bo Kaap.
Una de las casas de colores del popular e histórico barrio malayo de Bo Kaap.

Casi en el centro histórico está el antiguo barrio malayo de Bo Kaap, a los pies de Signal Hill, con sus bonitas casas de colores brillantes, de un peculiar estilo arquitectónico, y sus calles adoquinadas. Esta zona, que cobijaba a los esclavos malayos que llegaron en el siglo XVII, es hoy una de las más cool de El Cabo. Otro barrio que no se puede perder si le gustan el arte urbano, el diseño y los artistas locales es Woodstock. Allí está el popular The Old Biscuit Mill, una antigua fábrica de galletas convertida en un variopinto mercado. Long Street es la calle más antigua de Ciudad del Cabo, llena de restaurantes y tiendas de todo tipo, una arquitectura singular y un ambiente diferente, a ratos intimidante.

Los más aventureros se sentirán como pez en el agua sumergiéndose en el océano en una jaula de acero –o, si se atreve, bucear– al encuentro del gran tiburón blanco. Una experiencia de lo más emocionante; pero si prefiere ver los escualos desde la barrera, quédese en alguna de las playas de Clifton contemplando a los surfistas.

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