Un acuerdo de gasto que hay que cumplir, pero que se puede mejorar

La coyuntura actual da un cierto margen para plantear una posible renegociación de los términos del pacto entre el Gobierno Farmaindustria

La factura que tendrá que abonar por primera vez la industria farmacéutica para compensar al Sistema Nacional de Salud (SNS) por el desvío del gasto en medicamentos innovadores durante 2018 puede constituir un plato inoportuno y de escaso gusto, pero no se puede decir que sea una sorpresa. El pago es resultado de un acuerdo firmado a finales de 2015 entre Farmaindustria y el anterior Gobierno por el que la patronal se comprometía a compensar al SNS si el gasto en fármacos innovadores superaba el crecimiento del PIB, como medio de poner fin a los repetidos tijeretazos de gasto sanitario que la coyuntura de austeridad exigía en aquel momento. El acuerdo, criticado por el PSOE cuando estaba en la oposición, fue prorrogado hace tan solo un par de semanas por los ministerios de Hacienda y Sanidad para extenderlo hasta finales de este año. Aunque la cifra todavía no es oficial, la factura podría ascender a unos 100 millones de euros.

Más allá de las bondades o defectos de los términos del acuerdo y de la coyuntura concreta en que fue gestado, bajo la presión de un fuerte desequilibrio presupuestario que obligaba a extremar las medidas de contención del gasto público, se trata de un pacto suscrito libremente, que está plenamente en vigor y que debe ser asumido en todas sus consecuencias, una de las cuales es el deber que afronta ahora el sector de realizar esa compensación. Sin embargo, y como ocurre también con cualquier acuerdo, este puede y debe revisarse a la luz de unas circunstancias que varían con el tiempo y de factores añadidos que es necesario tener en cuenta.

El control del gasto en la Sanidad, como en otras áreas del Estado, resulta fundamental para asegurar la sostenibilidad del propio sistema y para cumplir las exigencias de saneamiento presupuestario y de reducción del déficit público que tiene España. Pese a ello, la coyuntura actual da un cierto margen para plantear una posible renegociación de los términos del acuerdo firmado con Farmaindustria, que adopte un enfoque más integral, con un horizonte a más largo plazo y que busque racionalizar el gasto bajo fórmulas de eficiencia. Ese objetivo exige sentarse a negociar de nuevo con una industria farmacéutica que ha crecido con vigor en los últimos años, que debe seguir invirtiendo en investigación e innovación y que se ve lastrada por pesadas barreras burocráticas, como los largos plazos de espera para la evaluación y aprobación de nuevos medicamentos, que es fundamental agilizar y mejorar.

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