Un jarro de agua fría, aunque previsible, sobre el crecimiento global

Tras dos años de crecimiento saludable, las economías desarrolladas y las emergentes afrontan un frío horizonte

La rebaja de previsiones para el crecimiento global anunciada ayer por el FMI ha caído como un jarro de agua, previsible aunque fría, sobre unas economías mundiales inmersas en un proceso de desaceleración que se inició ya en el segundo semestre de 2018. Tras dos años de crecimiento sostenido y saludable, tanto las economías desarrolladas como las emergentes afrontan un horizonte escasamente caldeado y que, según los cálculos del FMI, podría recortar en dos décimas el crecimiento mundial en 2019. Las razones que explican esa ralentización son bien conocidas, e incluyen factores de alcance global, como el recrudecimiento de las tensiones comerciales durante el año pasado derivado de la guerra de aranceles entre EEUU y China –reavivada ayer mismo contra Europa por Donald Trump– pero también de carácter local, como el tira y afloja del Brexit o la crisis de la poderosa industria alemana del motor. Con todo, el organismo que dirige Christine Lagarde prevé una cierta mejoría en el segundo semestre de este año, lo que le permite mantener intactas, al menos, de momento, las cifras de 2020.

El FMI es especialmente pesimista con dos de las grandes economías europeas, Alemania e Italia. En la primera, por la mala racha que está pasando la industria automovilística en relación a la nueva normativa sobre emisiones de carbono. Una adaptación que ha llevado recientemente a Volkswagen, por ejemplo, a anunciar que retrasará la fabricación de 250.000 vehículos. En el caso italiano, la pertinaz indisciplina fiscal del Gobierno del país hace presagiar otro duro enfrentamiento con Bruselas y no augura perspectivas halagüeñas para la economía. Otra clase de indisciplina, en este caso política e institucional, está convirtiendo el proceso de salida de Reino Unido de la UE en unas peligrosas e insondables arenas movedizas. Y respecto a Francia, el FMI cita a los chalecos amarillos como un factor de agitación que ha lastrado el consumo en el país, aunque la incapacidad del Ejecutivo de Emmanuel Macron para reformar una economía tradicionalmente rígida juega un papel importante.

España, que continúa liderando el crecimiento europeo y acusa en menor medida que otros países el recorte de previsiones, tiene su propio reto por delante, que pasa por cerrar el ciclo de inestabilidad política que hemos vivido en los últimos tiempos para abrir una nueva legislatura, preferiblemente liderada por un Gobierno de mayoría estable capaz de continuar con las reformas estructurales que el país necesita para seguir alimentando el crecimiento.

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