Entrevista al director de la Comisión Europea en España

Francisco Fonseca: “El auge del populismo en Europa es la expresión del éxito de la UE”

Asegura que los partidos extremistas pasaron de estar fuera del sistema a integrarse para intentar cambiar la UE desde las instituciones

Reconoce que la Unión Europea abandonó el área social en la crisis y que faltó "sensibilidad humana" en la crisis griega

Francisco Fonseca Morillo, director de la representación de la Comisión Europea en España, en su despacho, en Madrid.
Francisco Fonseca Morillo, director de la representación de la Comisión Europea en España, en su despacho, en Madrid.

Francisco Fonseca Morillo tiene una extensa carrera en la Unión Europea, donde es funcionario desde hace más de 30 años. Fue director del área de justicia civil, derechos fundamentales y ciudadanía de la Comisión Europea (CE); director de cooperación judicial en la misma institución; y director de la representación de la CE en España entre 2009 y 2015, cargo que volvió a ocupar a partir de julio del año pasado tras ser director general adjunto de justicia de la CE. 

Fonseca Morillo, de 63 años, se muestra medido respecto a algunos temas, principalmente sobre el Brexit, pero no esquiva dar definiciones contundentes como cuando asegura que el auge del populismo en Europa es la expresión del éxito de la Unión Europea. También reconoce que la Unión Europea abandonó el área social para priorizar la estabilidad del sistema financiero en la crisis y afirma que a Europa le faltó "un poco de sensibilidad humana" en la crisis griega. 

Uno de los principales desafíos que afronta Europa es al avance de la ultraderecha. Según los sondeos del Parlamento Europeo, estos partidos aumentarán la representación al tiempo que el PP y PSOE europeos no llegarán a la mayoría absoluta de escaños. ¿Considera que una parte de los ciudadanos europeos no se han beneficiado del ciclo económico?

Sí, es cierto que ha habido un auge del populismo, que es la expresión del éxito de la UE porque los partidos anti europeos han pasado de estar fuera del sistema, de no querer competir en Europa, a cambiar hacia posturas populistas y nacionalistas para cambiar la UE desde dentro. Todos los sondeos que el Parlamento Europeo realiza cada 15 días nos indicarían que en la próxima legislatura el Partido Popular Europeo y el Partido Socialista Europeo no llegarían por primera vez en la historia al 50% de escaños y se quedarían en torno al 45% y 48%. Pero en el Parlamento Europeo hay tres fuerzas centrales. El PP, el PSOE y el centro, los liberales. Estas tres fuerzas europeístas, según los sondeos, deberían llegar al 60% de los escaños, por lo que serían las mayoritarias dentro de Europa.

¿Debe la Unión Europea hacer algún tipo de autocrítica acerca de por qué se ha producido un auge de estos partidos extremistas?

 Autocrítica, siempre. La autocrítica principal es que hemos enfrentado la mayor crisis económica a escala global desde 1929 y todos hemos reaccionado de una manera un poco para tapar parches más que como una entidad unida. La grandeza y la debilidad de la UE es que no somos un Estado federal y, como no lo somos, tenemos que aceptar que puede haber aristas o que no siempre se pueden tomar las decisiones de manera vertical. En cualquier caso, la consecuencia ha sido que hemos tomado medidas en la defensa y estabilidad del sistema financiero, y estoy de acuerdo, sin sistema financiero, sin disciplina presupuestaria, sin reglas que eviten que la deuda pública la paguen mis nietos y mis bisnietos, no hay modelo de economía social de mercado. Pero hemos abandonado un poco la parte social de la economía social de mercado. Y hemos hecho la autocrítica. De hecho, los líderes de Gobierno aprobaron el pilar europeo de derechos sociales en 2017 con 20 medidas que van desde establecer una autoridad laboral europea hasta un esquema de pensiones europeos.

¿Cuál sería, entonces, el reto?

El reto consiste en demostrar a los ciudadanos europeos que estamos contra la economía terciarizada; demostrar que el ascensor social tiene que seguir funcionando. Hay que dar una vuelta a todo el sistema, hay que dar una vuelta al sistema presupuestario, al sistema fiscal, y evitar que los Estados se hagan duplicidad fiscal. Y algo mucho más importante que lo económico: salir a la calle, confrontar ideas, escuchar a los ciudadanos. Decirles que Europa no está lejos, que 'Europa eres tú: participa, manifiéstate, exige'.

 Sin embargo, cuando eso sucedió, por ejemplo en el caso de Grecia cuando los ciudadanos griegos se manifestaron contra el plan de austeridad y más de un 60% rechazó en un referéndum el ultimátum lanzado por la troika, la UE y Jean-Claude Juncker, que en ese momento también era presidente de la Comisión, les dieron la espalda.

Todos hemos hecho autocrítica al decir que el área social estaba desequilibrada frente a lo que entonces parecía lo esencial, que era la defensa del sistema financiero. Ahora bien, le recuerdo que en un momento determinado la cuestión era que Grecia se pudiera salir del euro. Grecia ha pasado una recesión, una crisis brutal. ¿Tendría que haber sido tan brutal? No soy economista, pero creo que tal vez nos faltó un poco de sensibilidad humana. También es cierto que Grecia ha conseguido una situación hoy en términos de superávit primario, en términos de estabilización de sus cifras que habría sido impensable sin los tres planes de rescate.

La UE dice defender de una manera muy firme la democracia y derechos humanos no solo en Europa, sino también en el mundo. ¿Arabia Saudí es un país democrático para la percepción de la Comisión Europea?

Me está haciendo una pregunta a la cual probablemente mi puesto me obligaría a no responder. Creo que todos sabemos cómo es el sistema político saudí, no hace falta ser un experto en derecho constitucional.

Pero la postura de la Comisión y de la UE respecto a la situación sobre la democracia y los derechos humanos en Venezuela es clara y firme. ¿La UE no le debería dar ocho días a Arabia Saudí, como le dio al Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, para que convoque elecciones?

En el caso de Venezuela, la UE ha dicho que estamos dispuestos a encontrar un sistema de reconciliación nacional. Soy enemigo de comparar las cosas que son diferentes. En Venezuela hay un presidente autoproclamado, Juan Guaidó, que ha utilizado una cláusula de la Constitución y la Asamblea Nacional se lo ha reconocido. Esto ha provocado y está provocando un cisma social en Venezuela. Venezuela es una zona geoestratégica muy sensible y creo que lo mejor que puede hacer Europa es contribuir a un proceso de transición democrática que permita encontrar la mejor solución para los venezolanos. No voy a decir nada más porque está muy claro. No creo que estas condiciones se den en Arabia Saudí porque además en Arabia Saudí nunca ha habido una primavera árabe.

Más allá de lo democrático o no democrático que sea o haya sido un país, igual se le puede exigir que sea democrático.

Sí, sí.

Juncker, Angela Merkel (canciller alemana), Emmanuel Macron (presidente francés) se reunieron con el presidente chino, Xi Jinping, la semana pasada. ¿Qué tiene para decir la Comisión Europea sobre las violaciones a los derechos humanos que comete el gobierno chino, según aseguran organizaciones como Amnistía Internacional?

La UE ha llegado al convencimiento de que China es nuestro gran socio comercial porque somos el bloque que más importa desde China y es nuestro segundo destino de exportaciones. A la vez que es nuestro gran socio comercial, somos competidores a escala global. Para llegar a un compromiso de actor global a actor global, hemos propuesto una agenda de diez puntos que empieza por lo que usted ha dicho. Para considerarlo más socio estratégico que competidor tenemos que trabajar juntos en la agenda de Naciones Unidas respecto a los derechos fundamentales, paz y democracia. Y ahí vamos a ser bastante exigentes en el marco del derecho internacional público con respecto a las evoluciones de China. Además, exigimos que para poder pasar de competidor a socio hace falta una reforma y apertura de los sistemas de mercados públicos en China para que permitan una mayor entrada de las empresas europeas allí. Nosotros no aceptamos entradas masivas de fondos soberanos chinos en los sistemas financieros y grandes infraestructuras europeas. 

¿Se podría decir que la UE prioriza lo comercial sobre los derechos humanos en su relación con China y que respecto a Venezuela importan más los derechos humanos que lo comercial?

No quiero parecer tecnócrata, ni cínico, ni pragmático. En las relaciones internacionales, en las que hablamos de relaciones de bloque a bloque en los cuales están incluidos intereses estratégicos en defensa, intereses divergentes en cuanto a quién va a fabricar las baterías energéticas, entre otros. Hay muchos compromisos que establecemos en las relaciones internacionales. No se le puede pedir a la UE que sea el gendarme de la comunidad internacional. 

Respecto al Brexit, los diputados británicos han rechazado tres veces el acuerdo de la primera ministra, Theresa May, con la UE y dos veces cualquier otro tipo de alternativa. ¿Habrá un Brexit duro?

Flaco servicio haríamos todos si nos dejáramos llevar por la especulación. Las conclusiones del Consejo Europeo del 21 de marzo son cristalinas. Si Reino Unido hubiera firmado la semana pasada el acuerdo de retirada, se le habría dado un plazo hasta el 22 de mayo con el acuerdo ratificado. Reino Unido es quien nos tiene que indicar qué vía quiere proseguir. La fecha del 12 de abril no está buscada al azar porque es el límite para que convoque elecciones al Parlamento Europeo. Si Reino Unido solicita una prórroga antes del 12 de abril, la condición es que convoque elecciones al Parlamento Europeo.

¿La intención de la Comisión Europea es conceder la prórroga?

No lo sé, lo digo con toda sinceridad. Tengo la impresión de que el argumento de los diputados británicos de ‘oiga, hay que pedir una prórroga y convocar elecciones al Parlamento Europeo porque sino vamos a la catástrofe’ no es algo que les impresione. Siguen votando que no y tampoco quieren hacer las elecciones a la Eurocámara.

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