Pos-Brexit: mensaje correcto, momento adecuado, lugar oportuno

Si Londres legisla menos o más estrictamente que la UE puede generar problemas de competencia

Pos-Brexit: mensaje correcto, momento adecuado, lugar oportuno

Ya sea el 12 de abril o el 22 de mayo, parece que el Reino Unido está en camino de abandonar la UE y dejar de ser un Estado miembro, a menos que suceda algo extraordinario. Las cosas que podrían evitar que el Brexit siga adelante serían o unas elecciones u otro referéndum para revocar el artículo 50. Parecen poco probables estas opciones, aunque ¿quién sabe realmente? La verdad es que hace varios meses que tiré mi bola de cristal brexitiana.

Las empresas, estén o no satisfechas con el Brexit, deberán adaptarse a las circunstancias que han cambiado significativamente el panorama de relaciones en Europa. Incluso con un periodo de transición durante el cual el Reino Unido continuaría participando durante un par de años en el mercado único y la unión aduanera, el país perderá su comisionado y su representación en el Parlamento Europeo y el Consejo.

Las empresas del Reino Unido deberán vigilar las iniciativas regulatorias de los Gobiernos y las empresas de cualquiera de los 27 Estados miembros restantes que podrían obtener una ventaja competitiva en relación con el Reino Unido. Sin miembros británicos del Parlamento Europeo ni ministros del Reino Unido presentes en las reuniones del Consejo para vigilar las nuevas regulaciones, será más difícil hacerlo.

La buena noticia es que está lejos de ser imposible. La Cámara de Comercio de Estados Unidos es conocida como una de las organizaciones de lobby más poderosas en Bruselas, independientemente del hecho de que representa a compañías de un país fuera de la UE. La Cámara de Comercio Británica, también es muy respetada, seguirá siéndolo después de Brexit y las empresas del Reino Unido seguirán siendo miembros de asociaciones comerciales europeas. También hay enorme simpatía en Bruselas y en las capitales europeas hacia las empresas británicas que han sido participantes activos de la construcción de la sociedad civil de normas del mercado único durante los últimos 40 años. La mejor noticia para las empresas británicas es que los legisladores de la UE son los más interesados en ser eminentemente pragmáticos y no les importa mucho bajo qué bandera se trabaje. Por ejemplo, las compañías de energía noruegas han venido siendo claves proporcionando información a los reguladores europeos, aunque Noruega no es un Estado miembro. Es su experiencia en esta materia lo que les permite una buena acogida en Bruselas.

Donde las empresas británicas tendrán que ser particularmente cautelosas será cuando las regulaciones del Reino Unido y de la UE vayan por caminos diferentes. En ese punto, habrá un profundo análisis de los diferentes enfoques para evaluar si una u otra posición confiere una ventaja. Esto podría venir en forma de protección ambiental y social, regulaciones financieras, competencia y ayudas estatales, contratación pública, normas de productos y protección del consumidor, normas sanitarias y fitosanitarias, y en realidad una gran cantidad de áreas donde los marcos comerciales se han armonizado a nivel europeo para promover la igualdad de condiciones y el buen funcionamiento del mercado único. Si el Reino Unido regula de manera más estricta o menos estricta que la UE, esto podría amenazar con distorsionar la competencia. Las barreras de protección al comercio podrían levantarse muy rápidamente por cualquiera de los dos lados en tal caso.

Confiar en organizaciones empresariales y asociaciones comerciales para monitorear y ejercer presión en nombre de los intereses de una empresa individual puede ser suficiente en muchas circunstancias. Por contra, recuérdese que en estos organismos los competidores se sientan uno junto al otro y que un desarrollo regulatorio puede adaptarse a un modelo de negocio, pero no a otro. Las asociaciones comerciales verticales generalmente alentarán a las empresas a representar sus propios intereses directamente ante los legisladores, para que puedan evitar el conflicto de tener que optar por apoyar los intereses de una empresa miembro en lugar de otra. Lo mismo puede suceder con las misiones y representaciones nacionales ante la UE. El Gobierno del Reino Unido continuará teniendo una gran e importante presencia en Bruselas, y estará muy interesado en apoyar los intereses comerciales británicos. Pero cuando estos difieren dentro de un sector industrial, el Gobierno querrá evitar elegir ganadores y perdedores y defender en nombre de un interés empresarial británico a expensas de otro. En tal situación, las empresas deberán valerse por sí mismas.

Supervisar e influir en la legislación, ya sea en Bruselas o Londres, no es tan desalentador como puede parecer. Ambos lugares son muy diferentes de Washing­ton, donde el lobby y los public affairs se confunden en ocasiones con grandes contribuciones a campañas. Este no es el caso en Europa, donde los asuntos públicos consisten en presentar buenos argumentos, respaldados por información sólida. Es importante recordar las tres claves de la gestión de los asuntos públicos: entregar el mensaje correcto, en el momento adecuado, en el lugar (o persona) oportuno. Los funcionarios públicos y los políticos de Londres y Bruselas están abiertos a reunirse con las partes interesadas para asegurarse de que sus políticas promuevan los intereses comerciales al tiempo que protegen a consumidores y medio ambiente. Saber cuándo están a punto los cambios requiere un seguimiento específico.

Llegar temprano con argumentos basados en datos y fuertemente respaldados es siempre muy ventajoso. En el lobby y los asuntos públicos, como dice el refranero británico, el pájaro temprano atrapa al gusano.

Sebastian Remøy es Vicepresidente ejecutivo y ‘global head of public affairs’ de Kreab en Bruselas

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