Objetivo: evitar un Brexit duro que no será beneficioso para nadie

Recomponer la situación y conducir al país a la salida de este túnel requiere fortaleza política y un liderazgo rnuevo

Después de tres agitadas votaciones en contra por parte de un Parlamento británico cada vez más dividido y convulso, Theresa May perdió el viernes su larga batalla por sacar adelante el acuerdo alcanzado con Bruselas sobre el Brexit. La derrota sin matices de la primera ministra británica sitúa a Reino Unido frente a un escenario político casi desesperado y con un reloj que corre rápidamente en contra. Londres cuenta con menos de dos semanas para evitar la peor de las soluciones al conflicto: una salida dura de la UE el próximo 12 de abril. Una opción que a priori no cuenta con respaldo mayoritario en Westminster, pero que tal y como han ido desarrollándose las cosas, no puede excluirse como desastroso colofón a una crisis que el Gobierno de May, presionado desde todos los frentes posibles, no ha sabido gestionar con suficiente habilidad política.

La concesión de una prórroga por parte de la UE para que Londres pueda diseñar un plan B aparece ahora como la mejor opción para evitar una salida abrupta y de consecuencias nefastas para los británicos, pero perjudiciales también para Europa. Pese al desgaste que se vive en Bruselas ante un tira y afloja que no parece tener fin, la decisión de conceder más tiempo a Reino Unido no debería generar excesiva división política entre los Estados miembros, que deben apoyar con todos los elementos a su alcance la búsqueda de una solución ordenada a esta crisis.

La cuestión, sin embargo, es qué entiende Europa y qué entienden los británicos por una solución ordenada. Sea cual sea el desenlace escogido, el Brexit ha herido profundamente a la sociedad británica, ha dañado los vínculos del país con Europa y ha sembrado de incertidumbre un escenario económico comunitario que acusa ya la frágil coyuntura que vive el comercio global. Recomponer esa situación y conducir al país hasta la salida de este túnel requiere fortaleza política y un liderazgo renovado, dos condiciones que el actual Gobierno británico no posee, desgastado por una batalla que ha tenido que librar fuera, pero también dentro y contra miembros de su propio partido.

Las opciones que se abren ante Reino Unido ahora no deberían limitarse a negociar un nuevo acuerdo, sino que deben incluir otras soluciones, como la convocatoria de un nuevo referéndum que permita al país pronunciarse con un poco más de pragmatismo y mayores elementos de juicio de los que tuvo en aquel fatídico 23 de junio de 2016.

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