Carme Artigas: “Es arriesgado someterse a test de ADN tan alegremente”

Está considerada como una de las mayores expertas en datos de Europa

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Tras casi 15 años en él, Carme Artigas (Barcelona, 1968) se mueve como pez en el agua en el mundo de los datos. La cofundadora y consejera delegada de Synergic Partners, una empresa afiliada a Telefónica, además de embajadora de la Universidad de Stanford, está considerada como una de las mayores expertas en big data y analítica de datos de toda Europa. Reconoce que ya es prácticamente imposible escapar o vivir ajeno al mundo digital, pero da una serie de consejos que todo usuario debería tener en cuenta.

Da la sensación de que a veces se habla muy a la ligera de datos o big data, ¿cómo lo definiría usted?

Muchas veces se habla a la ligera, pero cada vez hay más seriedad a la hora de hablar de esto. Big data es la capacidad de, a partir de datos generados por la huella digital, entender la información, sacar patrones de comportamiento y desarrollar predicciones. Es la habilidad de sacar datos masivos, de muchas fuentes distintas, con el objetivo de poder caracterizar sucesos y tendencias y anticiparse. Así, podemos tener servicios y productos mucho más personalizados, pero también mayores amenazas. Por eso, como usuarios, debemos ser conscientes.

¿Y lo somos?

Creo que cada vez más, aunque aún falta mucha educación. Hace años accedíamos a servicios y productos pensando que eran gratis, cuando lo que estábamos haciendo era pagar con nuestra información. Hoy el usuario es más maduro y se ha dado cuenta del valor de sus datos. Y no está dispuesto a pagar dos veces. ¿Por qué no permitimos que el banco o a la empresa de telecomunicaciones hagan lo que quieran con nuestros datos? Porque ya les pagamos. Mientras, a plataformas como Facebook o Instagram les dejamos usar parte de nuestra información, pero que no se les ocurra cobrarnos dinero. La batalla está en lograr saber para qué se utiliza nuestro rastro.

Pocos sectores viven ajenos al dato. ¿El consumidor debería exigir más a las empresas?

Yo diría que hay que definir una nueva relación entre cliente y compañía. Dejar claro de alguna forma que estoy dispuesta a ceder parte de mis datos siempre y cuando reciba algo como compensación. Si a cambio de mis datos me pueden hacer una oferta de empleo personalizada, estaré encantada de cederlos. Si monitorizan mi estilo de conducción y a cambio tengo un seguro mucho más barato, estaré dispuesta a darlos.

¿No abre la puerta este planteamiento a una situación peligrosa y con cierto riesgo?

Todo depende del valor que le demos a cada dato. Hay datos sensibles, estructurados, desestructurados, personales, públicos, privados... Mi experiencia en big data es que raramente se utilizan datos personales si no es de forma anónima, porque el dato de alguien, por sí solo, no vale de nada. Hay mucho mito alrededor de esto. Por eso creo que la monetización de los datos no pasa por venderlos, sino por exigir un mejor servicio. Otro asunto es la información realmente sensible, que sí que hay que proteger.

¿Cuáles son esos datos sensibles?

No es el nombre, ni el apellido, ni el número de teléfono, ni la dirección o el DNI. Lo más importante es el ADN, y deberíamos empezar a legislar para proteger la información genética de las personas. Sobre todo ante nuevos riesgos como la ingeniería genética, o esas herramientas que permiten cortar y pegar las secuencias de genoma para sustituirlos por otras secuencias. Eso supone un riesgo, por ejemplo, con las armas químicas segmentadas y personalizadas.

Hay restaurantes que elaboran el menú ideal para un comensal en base a su ADN.

Y test que se venden como regalo de cumpleaños para saber la procedencia genética. Yo nunca comería en un restaurante así, por ejemplo. Muchas veces confiamos en las empresas que llevan a cabo estas pruebas, pero hay que tomar conciencia de que no es seguro hacerse una muestra de saliva y enviarla a una compañía cualquiera. Es un error someterse a test de ADN tan alegremente. El gran dato es el dato genético.

¿Hace falta mayor protección?

Todavía estamos a tiempo de lograrla. Lo que está claro es que quien tiene los datos tiene una ventaja frente a sus competidores, y que las empresas se las van a ingeniar para conseguirlos, con ofertas atractivas u originales, como por ejemplo este tipo de test.

¿Puede monetizarse cuánto valen los datos de un usuario cualquiera?

Un chico holandés dejó que lo testearan durante 24 horas a cambio de 1.000 euros, pero creo que la cifra no se ajusta mucho a la realidad. Para que nos hagamos una idea, en el mercado negro dicen que el DNI de una persona, es decir, nombre y dirección, vale 0,5 céntimos. De ahí que la monetización del dato vaya por otras vías.

¿Llegará un momento en el que no haga falta aceptar todo tipo de condiciones para instalarse una app?

Hay que conseguir que si un cliente no quiere que una app tenga acceso al micrófono o a la galería de imágenes, no pase nada. Pero para eso sería necesaria una legislación universal, y no una que vaya solo por países. Lo que no hay que hacer es bajar la guardia, porque ya hemos renunciado en cierta a forma a parte de la privacidad, y no deberíamos perder más derechos.

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