Un año para resistir los embates de la desaceleración y los riesgos políticos

Las previsiones de ventas, inversión y empleo de los empresarios mantienen un tono de optimismo realista

Los pronósticos de ventas, inversión y empleo de los empresarios españoles para este año reflejan ligeramente el clima de ralentización económica que afronta no solo Europa, sino también el conjunto de la economía global, aunque mantienen en general un tono de optimismo realista. Si el año pasado casi ocho de cada diez empresas españolas miraban de forma positiva el ejercicio y auguraban un alza en sus ventas, este año se quedan en siete. Un aterrizaje suave que refleja las previsiones sobre la desaceleración de la actividad en la mayor parte de las economías, como también la incierta sombra que proyectan focos de tensión geopolítica que continúan sin resolver, pero también la resistencia de un tejido empresarial que en los últimos años ha tenido que hacer deberes.

Del millar de empresarios consultados por KPMG y la CEOE, los que pertenecen al sector de los seguros y la industria son los que mantienen mejores expectativas respecto a los pedidos de este año. No ocurre lo mismo en segmentos como el del automóvil o el turismo, cuyas empresas confiesan unas perspectivas bastante menos halagüeñas. En ambos casos existen razones coyunturales muy concretas que van más allá del empeoramiento de las previsiones generales de crecimiento económico. La industria del motor arrastra los efectos de un ejercicio 2018 lastrado por la crisis del diésel y afronta un 2019 con un horizonte de control regulatorio complejo, gracias a la entrada en vigor de los nuevos test de emisiones el próximo mes de septiembre. En el caso del turismo, desde las patronales ya se ha venido advirtiendo de un cambio de ciclo para este año con tasas de crecimiento muy por debajo de las que el sector ha mantenido en los últimos años, cuando buena parte de la afluencia a destinos mediterráneos competidores, como Egipto o Turquía, se desviaba a España. En general, las previsiones de inversión de los empresarios se moderan y se centran especialmente en el área tecnológica: robotización, big data e inteligencia artificial, campos fundamentales para aumentar la competitividad de las empresas y no perder el paso en el gran reto de la digitalización de la economía.

Más allá de los deberes específicos de cada sector, las tareas de las empresas de cara a un año con un tono económico más bajo pasan por mantener los costes bajo control y diversificar en lo posible las exportaciones, con especial atención a mercados sensibles. No solo ellas, sino también los Gobiernos, tienen tareas pendientes, que pasan por completar las reformas estructurales y la liberalización necesaria para agilizar el tráfico mercantil en un mercado cada vez más globalizado.

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