Londres no puede atascarse en un callejón que daña a todos los europeos

Reino Unido debe ofrecer cuanto antes una hoja de ruta del Brexit creíble, sólida y factible

En las muy británicas aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, la expeditiva Reina de Corazones resuelve los conflictos que no se solucionan “inmediatamente” cortando la cabeza de todo el que se ponga por delante. No es difícil rememorar la receta (en términos políticos) ante el espectáculo en que el Brexit ha convertido el Parlamento británico, que ayer vivió una nueva jornada de votaciones, debates y enmiendas para tratar de poner un poco de orden en un divorcio que ha dividido a la Cámara y al país de todas las formas posibles.

Tras el rechazo por segunda vez del acuerdo de salida firmado por Theresa May con la UE, Westminster ha votado en las dos últimas jornadas una cascada de propuestas que se saldaron con el no a una salida sin acuerdo, el no a un segundo referéndum y la aprobación de un mandato para que la primera ministra solicite oficialmente a Europa una prórroga de la fecha de salida de la UE, fijada inicialmente para el próximo 29 de marzo. Aunque la respuesta a esa petición debe ser acordada de forma unánime por los socios europeos, que además está inicialmente condicionada a una nueva votación favorable al acuerdo ya cerrado entre Bruselas y May, y pese a que de momento no se conoce cuánto se extenderá ese tiempo de descuento, todo apunta a que Europa será generosa, o tal vez resignada, y concederá a los británicos más oxígeno para solucionar un conflicto que no parece tener buen final.

Aunque Theresa May intentará por tercera vez que el Parlamento respalde su acuerdo de separación con Europa, tal y como están las cosas no se trata de una meta sencilla. Si la prórroga solicitada a la UE se alarga y aboca a Reino Unido a celebrar elecciones europeas, fijadas para el próximo 26 de mayo, la primera ministra podría jugar con esa carta para tratar de recabar apoyos suficientes. Aún así, el escenario no facilita el optimismo y ya hay voces, también en Europa, que abogan por una prórroga lo suficientemente extensa como para que el país pueda rediseñar completamente su estrategia de divorcio, con tiempo para ensayar opciones que ahora mismo parecen descartadas o complejas, como un nuevo referéndum, ... o un nuevo Gobierno. La impresión que Londres transmite no solo a los negociadores comunitarios, sino a la opinión pública europea, es de desgaste, debilidad y agotamiento. Mientras en Bruselas se preguntan con razón con qué objeto se ha aprobado la solicitud de esta prórroga, Reino Unido debería ofrecer cuanto antes, por su bien y el de todos los europeos, una hoja de ruta del Brexit creíble, segura y factible.

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