El desastre italiano: una economía endeudada y agotada

Su modelo no funciona y el ciclo expansivo que vivía Europa está en decadencia

A la izquierda, el vicepresidente italiano Luigi di Maio, a la derecha, el vicepresidente Matteo Salvini y en el centro, el primer ministro de Italia, Giuseppe Conte.
A la izquierda, el vicepresidente italiano Luigi di Maio, a la derecha, el vicepresidente Matteo Salvini y en el centro, el primer ministro de Italia, Giuseppe Conte. EFE

Como se venía diciendo, y advirtiendo, por parte de una infinidad de organismos e instituciones de carácter económico, Italia se ve sumergida en una recesión técnica (una crisis técnica) tras cosechar dos trimestres en los que su Producto Interior Bruto se ha visto contraído. Concretamente se contrajo en los dos últimos trimestres de 2018.

La economía italiana, tras publicar sus resultados, éstos han arrojado unos registros que, pese a ser previsibles, han alarmado a las principales autoridades y organismos de la zona euro. Tras la publicación se ha dado a conocer las contracciones que sufrió el país (en materia de PIB) durante el tercer y cuarto trimestre; un -0,1%, durante el tercero, y un, más agravado, -0,2% en el cuarto.
Como podemos observar, los problemas y déficits estructurales que posee el país empiezan a hacer mella en su economía. Con un 130% sobre su PIB, Italia es el país con mayor deuda pública de la eurozona. Una deuda que, por otro lado, el nuevo Gobierno plantea aumentar para reactivar una actividad económica que, prácticamente, se encuentra estancada.

Las tensiones entre el Gobierno y Bruselas para lograr un acuerdo presupuestario en el país tampoco han favorecido. Como advirtieron los organismos económicos, el país debe reducir su deuda notablemente, alcanzando una senda de reducción en el déficit y relajase ese engrosamiento que ha experimentado la deuda italiana en los últimos años.

Tras meses de negociaciones, Italia no conseguía alcanzar un acuerdo presupuestario, pues el país pretendía reducir la deuda, pero planteaba una reducción mucho más progresiva y gradual que la exigida por Bruselas. Para Italia, el desapalancamiento debía hacerse de un modo progresivo para no afectar a la economía y la actividad económica en el país.

Por un lado, si observamos los efectos que tiene un proceso de desapalancamiento en las economías, éste podría dañar severamente la economía italiana. Como es obvio, el proceso de desapalancamiento (proceso de reducción de deuda) requiere de la aplicación de políticas basadas en la austeridad, justo lo contrario a lo que planteaba el Gobierno italiano.

Las políticas de austeridad en un proceso de desapalancamiento provocan que la actividad económica en el país caiga, pues se están retirando los estímulos y se produce un proceso de desaceleración económica. El miedo de esto surge cuando miras la actividad económica italiana, la cual lleva estancada ya un largo periodo de tiempo y no parece que vaya a reactivarse en un muy corto plazo.

Por estas razones es por las que el Gobierno italiano defiende la aplicación de políticas de carácter expansivo, tratando (con ellas) reactivar una economía que se encuentra estancada y, además, recuperar ese crecimiento económico. Unas políticas que, con semejante agujero de deuda, no han sentado muy bien en Bruselas y pretende abolir.

No obstante, Bruselas tiene suficientes razones para justificar esta postura. Según los datos, Italia paga un 3,7% de su PIB por los intereses de la deuda contraída, el doble del promedio de la Unión Europea. Además, una subida de tipos y un mayor rendimiento de los bonos, incrementaría estos costes en un 0,2%, lo que podría mermar la capacidad de pago del país y espantar a los inversores.

Además, desde el FMI se agregaron los problemas que podría sufrir el país ante un escenario como el actual, donde la desaceleración económica y las tensiones globales alientan un próxima recesión global. Ante esto, la enorme carga de deuda y el exceso en la aplicación de estímulos podría provocar grandes problemas para el país en caso de necesitar refinanciarse, así como la imposibilidad para aplicar estímulos convencionales para el crecimiento económico.
Como podemos ver, tanto la postura de Italia, que defiende un desapalancamiento más gradual para aliviar los efectos de este en la economía, como los de Bruselas, que plante una reestructuración de la deuda con ambiciosos reajustes de deuda que saneen el país, son comprensibles y entendibles, ambos tienen razón.

No obstante, el tiempo y el escenario ha acabado por dar la razón a Bruselas, pues el entorno de incertidumbre y tensiones globales ha abocado a la economía a una desaceleración generalizada en los países. Además, las tensiones con Reino Unido, sumadas a la crisis italiana, hacen peligrar la sostenibilidad de una zona euro muy debilitada por los auges separatistas y la crisis de deuda.
Por ello, y para concluir, Italia debe afrontar una serie de decisiones, pero esta vez, afrontarlas desde la raíz. Si algo está claro es que, aunque el Gobierno haya entrado recientemente, el modelo italiano no funciona y el ciclo expansivo que vivía la economía europea se está agotando. Por ello, pese al optimismo del Gobierno, que prevé un crecimiento del 1% para este años, éste debe tomar decisiones para cambiar el funcionamiento de la economía en el país.

De no darse un cambio estructural en el funcionamiento de la economía italiana -y de continuar las tensiones que amenazan a Europa- Italia podría ser la antesala a lo que ocurrirá, posteriormente, en la Eurozona. Para ello, Europa ha centrado todas las miradas en la economía italiana, buscando la solución que reactive al país y que selle los cimientos para un crecimiento sólido y sostenible.

Francisco Coll Morales es CEO adjunto de la HAC L&M School of New York

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