Una recuperación inmobiliaria no solo sostenida, sino también sostenible

El medio millón de viviendas vendidas el año pasado aún está lejos de los excesos de la burbuja

La recuperación del mercado inmobiliario en España ha dejado de ser una tendencia creciente para convertirse en una realidad consolidada. Las cifras de compraventa de casas han crecido en los últimos años por encima de los dos dígitos, tras la larga etapa de sequía que siguió al estallido de la burbuja inmobiliaria. Los datos más recientes publicados por el INE revelan que las operaciones de compraventa aumentaron un 10% en 2018 y sumaron algo más de 515.000, la cifra más alta de la década. Se trata, sin embargo, de un avance sustancialmente más suave que el registrado el ejercicio anterior, en el que se verificó un aumento de 15,4%. La radiografía que se extrae de estos datos dibuja un mercado en el que el grueso de las transacciones –ocho de cada diez– se realizan sobre viviendas usadas, aunque en el segmento de obra nueva el ritmo de crecimiento es mayor y alcanza el 18%. Un sector en el que también se aprecian signos de progresiva maduración, tras seis años consecutivos de recuperación a buen ritmo, como el hecho de que las operaciones han dejado ya de estar concentradas únicamente en las principales capitales o en las zonas turísticas y se reparten de forma más homogénea por todo el territorio.

El elevado ritmo de crecimiento que ha registrado el ladrillo en los últimos años resulta lógico en el contexto de un mercado que se recupera tras una larga etapa de caída y de parálisis, como también entra en lo previsible que la velocidad de ese repunte se suavice poco a poco, al modo de un enfermo que recupera sus constantes vitales. En cualquier caso, el medio millón de viviendas vendidas el año pasado está lejos de los excesos vividos durante la etapa de la burbuja inmobiliaria y apunta más bien hacia un crecimiento sostenido y sostenible del mercado.

El gran riesgo, en cualquier caso, está focalizado no tanto en el aumento de operaciones, como en el de los precios, una variable que desencadenó el hiperdesarrollo del sector y precipitó su hundimiento y su caída, y con ella la de miles de empresas relacionadas directa o indirectamente con él, así como la de una banca que pagó muy cara su elevada exposición a estos activos y su desastrosa gestión crediticia. De los males de esos años pueden extraerse importantes lecciones que atañen no solo a los actores del mercado, sino también a unos supervisores que tienen el deber de vigilar estrechamente el desarrollo de esta nueva primavera inmobiliaria con el fin de evitar los excesos y los errores del pasado. 

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