¿Está justificado el pesimismo sobre la economía china?

Pekín ha adoptado medidas de estímulo que pueden cambiar las perspectivas de 2019

Una calle comercial de Hong Kong.
Una calle comercial de Hong Kong. GETTY IMAGES

El 5 de febrero marca el inicio del Año Nuevo chino, el Año del Cerdo, que empieza con perspectivas mejores que las del año que acaba de cerrar, marcado por una ralentización económica causada por las restricciones de liquidez, resultado de una campaña de desapalancamiento a nivel doméstico, además de las tensiones comerciales con Estados Unidos. La capacidad de reacción de las autoridades para agilizar el apoyo a la economía en los últimos meses, y más concretamente en las últimas semanas, parece ser capaz de mitigar la desaceleración en 2019. A pesar de que las previsiones del FMI para 2019 se sitúan en un 6,2%, hemos asumido durante varios años ya que la transformación del modelo económico llevaría a un crecimiento más lento. Teniendo esto en cuenta, se ha centrado en sectores con capacidad para crecer más rápido y con una amplia independencia de esta ralentización económica.

Antes de que surgieran las tensiones comerciales con EE UU, en 2016 China comenzó una campaña para poner control a unos niveles de endeudamiento excesivos, especialmente la deuda con más riesgo, que se concentraba en bancos pequeños y medianos. Como consecuencia se redujo la liquidez para los pequeños bancos, muy dependientes del sistema interbancario, lo que provocó una caída del acceso al crédito para pymes, amén de una contracción del sector privado. Además, persiguiendo el mismo objetivo, el Gobierno chino forzó a las administraciones locales a poner fin a la estrategia de emisión de bonos para financiar proyectos de infraestructuras, que había sido hasta ese momento el método elegido para estimular la economía.

Esto llevó a una contracción económica que se ha exacerbado en los últimos trimestres debido a las tensiones comerciales con EE. UU., que además ha tenido un impacto negativo en la confianza de los consumidores en China y en los planes de inversión corporativos. Estas tensiones surgieron, por un lado, del interés estadounidense por corregir el desequilibrio de la balanza comercial con China resultante de un mayor volumen de importaciones que de exportaciones a este país. Y por otro lado, por el empuje de EE. UU. para una mayor apertura de la economía china. Hasta ahora, las entidades extranjeras que quisieran entrar en este país tenían que hacerlo a través de joint ventures con socios locales en las que se veían limitados a tener una participación máxima del 49%. De esta forma, según Estados Unidos, se impone un sistema de transferencia tecnológica que genera un desequilibrio de competencia en el comercio mundial.

Ante un panorama tan desalentador, era fácil que el sentimiento se volviera negativo en 2018, pero ¿son las perspectivas para 2019 realmente tan negativas? La respuesta está en las medidas de estímulo ejecutadas por el Gobierno en los últimos meses.

Con una buena comprensión de la cuestión de la transmisión del crédito a la economía, el Gobierno chino estableció que un tercio de los nuevos préstamos concedidos por los grandes bancos se destinasen al sector privado. Por otra parte, para fomentar un consumo desalentado por el alto nivel de incertidumbre, se ha rebajado la presión fiscal sobre los hogares y se prevén medidas similares para las empresas. A esto hay que añadir que se ha vuelto a facilitar la emisión de bonos a las autoridades municipales para la financiación de infraestructuras.

En lo que respecta al conflicto comercial con Estados Unidos, todo apunta a que se logrará llegar a un acuerdo próximamente. China parece estar en posición de ofrecer un incremento de la compra de bienes estadounidense, además de haber comenzado a facilitar el acceso a las compañías extranjeras, incluyendo los sectores automovilístico y financiero.

Fundamentalmente, las compañías chinas ofrecen valoraciones atractivas como consecuencia de la devaluación experimentada en 2018 y, además, las expectativas de crecimiento de los ingresos podrían mejorar en los mercados emergentes en 2019. La economía estadounidense se está ralentizando, aunque lejos del colapso, mientras que este año se espera que la economía de los mercados emergentes se estabilice. La FED ha anunciado una paralización momentánea de las subidas de los tipos de interés y no se espera que el dólar siga fortaleciéndose.

Nosotros hemos construido una cartera de renta variable emergente, diversificado por países y sectores, aunque actualmente presenta una sobreponderación en el sector financiero, que representa una fuente competitiva de acciones con historias de idiosincrasia positiva. Del mismo modo, presenta una exposición mayor sobre China, incluyendo activos de este país en sectores como internet, consumo, seguros y educación, dado su potencial de crecimiento estructural.

Alexis Freyeisen es Global Emerging Markets Equities Director de UBS AM

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