Porto Santo, la isla mínima

Su larga playa de arena dorada es uno de sus atractivos

Molinos del Mirador de Portela, desde donde se ve toda la costa sur de la isla.
Molinos del Mirador de Portela, desde donde se ve toda la costa sur de la isla.

Apenas tardará 20 minutos en coche en recorrer de punta a punta la isla de Porto Santo, una de las dos habitadas del archipiélago de Madeira, pero le sorprenderá que sus apenas 43 km2 de superficie concentren tanta belleza y den para tanto. Porto Santo es de esos lugares perdidos a los que probablemente llegará de oídas porque alguien le haya contado de su belleza, quizás ensombrecida por las preciosidades de la vecina Madeira, a solo 50 km de distancia.

En medio del Atlántico, a 500 km de las costas africanas y a 1.000 km de Europa, fue descubierta en 1420 por los marineros de Enrique el Navegante, arrastrados hasta sus costas tras una enorme tempestad. Disputada por piratas y corsarios, allí se instaló Cristóbal Colón, cuya casa, del siglo XVI, en el centro de su tranquila y coqueta capital, Vila Baleira, es actualmente la Casa Museo de Cristóbal Colón.

Espectaculares columnas basálticas del Pico de Ana Ferreira.
Espectaculares columnas basálticas del Pico de Ana Ferreira.

La isla dorada, como se conoce a Porto Santo, es un paraje mimado por la naturaleza, ideal para los amantes del ecoturismo. A su clima templado, seco y con escasa variación térmica a lo largo del año –a diferencia de la lluviosa Madeira–, que permite disfrutar de la playa en cualquier estación, se une la hospitalidad de sus gentes y la tranquilidad que se respira en cualquier lugar.

Aquí la palabra prisa carece de significado. Lo mejor para recorrer Porto Santo es alquilar un coche, un todoterreno mejor, y muévase a su aire. Si no está seguro de dónde se va a meter, contrate agentes locales con expertos conductores y recorridos a medida (Lazermar.com).

Las aguas del Atlántico dibujan increíbles tonos de azul o turquesas por toda la isla, que contrastan con el verde del paisaje o los ocres y anaranjados de escenarios desérticos que se levantan sobre sus costas pidiendo protagonismo como un mar de dunas finito, por ejemplo.

El pequeño islote está salpicado de miradores naturales que descubre al visitante sus singulares y mágicos paisajes

Habrá llegado al desierto de Fonte de Areia (Fuente de Arena), en el norte, llamado así por la gran cantidad de tierra que se acumula en esta zona. Desde el mirador –Porto Santo está llena de ellos y son uno de sus atractivos– podrá contemplar la inmensidad del océano y el islote que da nombre al arenal.

Uno de los miradores más emblemáticos es el de Portela con sus característicos tres molinos de viento. Divisará toda la impresionante costa sur. Entre mirador y mirador, acantilados de vértigo y montañas imposibles de basalto, como las del Pico de Ana Ferreira, dése un tiempo para disfrutar de uno de los atractivos turísticos más famosos de la isla, su playa, considerada entre las 15 mejores de Europa.

Un arenal dorado de 9 km de longitud de aguas casi transparentes que invitan a sumergirse en ellas y disfrutar de las olas o tumbarse al sol y dejar que el tiempo pase. Su arena, suave y ligera, formada principalmente por calcita, le confiere propiedades terapéuticas y térmicas muy particulares.

Para ir, disfrutar, relajarse y volver de un viaje al paraíso como nuevo.

Guía de viaje

Acantilados de Fonte da Areia, al norte de la isla.
Acantilados de Fonte da Areia, al norte de la isla.

Cómo ir. No hay vuelo directo desde España. La portuguesa TAP ofrece varias frecuencias diarias desde Madrid (91 euros) y desde Barcelona y Sevilla a Lisboa. Desde allí hay aviones cada día a Madeira y entre esta y Porto Santo con la misma compañía y varias frecuencias entre Lisboa y Porto Santo. Muy buen y amable servicio a bordo. Otra opción es ir en ferri desde Madeira (2 horas y 15 minutos).

Dónde comer. Restaurante Ponta da Calheta, a pie de playa para disfrutar de la comida, las vistas y la brisa del mar.

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