Carlos Carsten: “El sofá será el nuevo lugar de trabajo”

Ha desarrollado parte de su carrera profesional dedicado al marketing y a las ventas, actividad a la que se sigue dedicando

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A pesar de que dice que lo normal es cambiar de trabajo cada ocho años, Carlos Carsten lleva dos décadas al frente de la multinacional suiza de mobiliario de diseño Vitra. Carlos Carsten (Madrid, 1964) ha desarrollado parte de su carrera profesional dedicado al marketing y a las ventas, actividad a la que se sigue dedicando. Porque si algo le gusta hacer es explayarse sobre los detalles de todas las piezas bellas con las que trabaja, ya sea mobiliario de oficina, el 70% de las ventas, o de hogar.

¿Cómo ha afrontado el diseño la crisis económica?
La crisis para nuestro sector comenzó antes, en 2007, y en ese momento buscamos seguridad y garantía de futuro. Nos concentramos en el mercado peninsular, aunque llevaba también el mercado latinoamericano. Me concentré en el mercado nacional, y creo que fue una gran decisión porque se ha asentado la demanda. Otro hecho importante fue mudarnos a la actual tienda [en la calle Padilla de Madrid], mucho más visible para la cantidad de inversores latinoamericanos, europeos y asiáticos. Es un lugar obligado para el que quiere mobiliario de diseño, además del canal de venta online. Todo esto ha hecho que las ventas hayan crecido.

¿Qué crecimiento ha supuesto todo esto?

Entre el 10% y el 15%. La recesión es la que hizo que el consumo bajara. La facturación ahora entre España y Portugal está entre 16 o 18 millones de euros, de los cuales 12 millones corresponden a España, pero habíamos tenido una facturación en los años previos a la crisis de 23 millones de euros. Todavía tenemos margen de mejora. Además, tenemos una colección de accesorios para todo tipo de clientes, para que todo el mundo pueda tener su primer Vitra a partir de 15 euros. También incorporamos la firma finlandesa Artek [fundada en 1935 por el arquitecto y diseñador Alvar Aalto, perteneciente al movimiento moderno, y su mujer, la arquitecto Aino Marsio], por lo que añadimos riqueza a nuestra colección.

¿Qué busca el cliente en Vitra?

Busca la marca Vitra, porque todos los productos están firmados. En segundo lugar, la atemporalidad del diseño, pero también que todos nuestros productos envejecen muy bien, porque el diseño tiene que envejecer muy bien, y eso lo tiene cualquier producto de Vitra. El valor es lo que permanece. Muchas veces la gente lo vende años más tarde y no pierde dinero. Un producto de Vitra se compra más por la parte emocional que por la crematística, pero cada vez hay más rotación, como con la moda, pero con Vitra se gana dinero.

¿Cómo se renueva una marca fundada en 1950?

Vitra es una empresa de diseño y no diseña nada. Tenemos a un equipo de investigadores que viajan por todo el mundo, que se entrevistan con consejeros delegados, arquitectos o estudiantes, y sacan conclusiones sobre cómo se va a vivir, a socializar, cómo va a ser la rutina del trabajo. Se dedican a conocer a los solucionadores de todas estas cuestiones.
Ha hablado de las rutinas de trabajo. Los espacios laborales que se conciben en la actualidad poco tienen que ver con las oficinas del pasado.

Ya en 2002, Vitra presentó en Chicago la primera plataforma de trabajo, y nos llamaron de todo.

Provocamos ese cambio en las jerarquías, que se favoreciera la comunicación, el trabajo en equipo. Todo eso sucedió hace 16 años. Y seguimos trabajando en favorecer el trabajo, por ejemplo, con las sillas apilables, que provoca que las personas cambien de actividad.

A través de los espacios físicos se puede adelantar cómo será el trabajo futuro.

En el futuro no existirán jefes, existirán especialistas. Se van a automatizar los procesos, aunque la parte creativa estará en manos de los humanos. La actitud te la puede cambiar un mueble, porque hay una gran diferencia entre sentarte en una silla normal y en otra de diseño. También se puede retener el talento por el diseño de una oficina, la gente nota la diferencia entre trabajar en un sitio especial de otro más normal. Hay que invertir en el empleado, porque es el que, en muchos casos, hace que una empresa sea rentable. En Colonia [Alemania] acabamos de presentar una serie de revoluciones que van a suponer un cambio en la forma de trabajar.

¿En qué consiste?

Con los muebles cambiamos los hábitos. Creamos nuevas escenas de oficina, en las que el sofá va a tener un gran protagonismo, es donde estamos más a gusto en casa, donde podemos tenerlo todo cerca, que genera cercanía. El sofá será el nuevo lugar de trabajo, ya que ayuda también a crear ambientes muy hogareños, de manera que el empleado se sienta como en casa. También la silla es muy importante, con cargadores por inducción. La mejor inversión que se puede hacer es en una buena silla. Es necesario que las empresas hagan una inversión hacia el empleado, que le regale madera, tacto, seguridad, elementos que hacen que la gente pierda la noción del tiempo. También vamos hacia oficinas superflexibles, con muebles y paredes con ruedas que crean distintos ambientes. Todo esto viene de los países más desarrollados, con las naves industriales de Manhattan o de Berlín, o el distrito de Barcelona 22@, donde también tienen mucha importancia las plantas naturales para que absorban las energías negativas.

¿La flexibilidad laboral influye en la manera de concebir estos nuevos espacios?

El espacio público se convierte en oficina, la gente trabaja en los aeropuertos, en las zonas de espera... Las oficinas tienen que incorporar espacios públicos, captar al cliente de la calle, atraer a los clientes, con cibercafés, como lo están haciendo las tiendas con probadores digitalizados, con elementos que hacen vivir experiencias a modo de espectáculo.

¿Tiendas como Ikea son competencia para ustedes?

Hacen una labor buena, llevan las tendencias a los consumidores. Nos ayuda porque el cliente quiere piezas personalizadas o con más valor. Este tipo de firmas son buenas porque forman a la sociedad.

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