Cuatro lugares fuera del circuito navideño

Del antiguo imperio persa a las selvas de Borneo. Lujo en Mustique y espiritualidad en Bután

La mezquita del jeque Lutfullah en Isfahán.
La mezquita del jeque Lutfullah en Isfahán. Getty Images

Hace mucho que las Navidades dejaron de ser blancas en buena parte del globo y hace tiempo que ya no es una época de recogimiento. De lo primero hay que echarle la culpa al calentamiento del planeta, de lo segundo, al consumo desmedido. Las costumbres cambian y si antes lo común era compartir estas fechas con la familia, hoy cada vez más gente escapa de casa por Navidad.

Son muchos los que huyen de las luces titilantes que adornan calles y escaparates, de las multitudes que se agolpan para verlas, de los inevitables banquetes pantagruélicos, de regalos innecesarios y demás belenes que acompañan estas fechas. Buscan lugares tranquilos donde no suene a Navidad, como estos que les proponemos.

1. Isfahán

Un viaje en el tiempo. Este milenario bastión militar en el centro de Irán, cobijado por las nevadas montañas de Zagros y el desierto de Kavir, es una bellísima y animada ciudad que le dejará sin aliento. ¡Déjese contagiar por su ambiente! Imponentes palacios y mezquitas, un bullicioso bazar y sus famosos puentes sobre el río Zayandeh son sus señas de identidad.

Alrededor de su preciosa y colosal plaza –90.000 m2– de Naghsh-i Jahan destacan los monumentos más espectaculares con sus fachadas, cúpulas y minaretes azules y dorados y sus bellos jardines y fuentes.

Se emocionará con el palacio de Ali Qapu o el de las 40 columnas, las mezquitas del Sha o del Viernes, la del jeque Lutfullah, en los laterales de la plaza, y la entrada al Gran Bazar. Encontrará de todo, como describió Marco Polo: espectaculares alfombras persas, suculentos pistachos, especias y el oro rojo –azafrán, más barato que en España–. El regateo es obligatorio.

2. Mustique

Mustique
Una playa de la isla de Mustique. Getty Images

Bienvenido al paraíso. En medio del Caribe, diminuta –apenas 5,7 m2 –, exclusiva y privada. Mustique es una de las islas Granadinas en la que solo hay dos hoteles y apenas un centenar de villas privadas que gestiona y alquila Mustique Company, solo aptas para grandes fortunas. Aguas turquesas y cristalinas, playas salvajes de arena blanca, arrecifes de coral, una vegetación exuberante que le protegerá de miradas curiosas y un servicio exquisito y a medida. Puro lujo.

3. Sabah-Sarawak

Monte Kinabalu
Monte Kinabalu. Getty Images

Descubra su lado salvaje. En la parte malaya de la isla de Borneo podrá disfrutar de maravillosos parques naturales, sinuosos ríos y de la hospitalidad de las tribus locales en sus tradicionales casas alargadas, longhouses, donde conviven varias familias.

Una de las experiencias más alucinantes que puede realizar en Sabah, en la zona más oriental de la isla, es la subida al monte Kinabalu (4.095 m). Hay excursiones nocturnas, para contemplar el amanecer en la cima, y no se puede perder la visita a la reserva de orangutanes de Sepilok.

Deberá volar al este para alcanzar la región de Sarawak para disfrutar de las famosas selvas de Borneo, adentrarse en el Parque Nacional de Gunung Mulu, donde están las cuevas más grandes del mundo y, si se atreve, hacer el conocido Camino de los Cazadores de Cabezas.

4. Bután

Nido del Tigre
El monasterio del Nido del Tigre en el valle de Paro. Getty Images

El país de la eterna felicidad. En la cordillera del Himalaya y sin salida al mar, este pequeño país empieza a abrirse al turismo poco a poco. De gentes tranquilas, hospitalarias y respetuosas, descubrirá paisajes de postal, entre los que aparecerán pueblos y monasterios como colgados de las montañas.

Thimphu, su capital, rodeada de ríos, valles y montañas; Punakha, la antigua capital del reino, donde está el templo sagrado de Chimi Lhakhang o la majestuosa fortaleza de Dzong, y la histórica ciudad de Paro con el legendario monasterio de Taktshang –Nido del Tigre–, en un emplazamiento único sobre el valle a más de 700 metros, son visitas ineludibles.

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