La Reserva Federal debe atender las señales de los bonos antes de subir tipos

Los efectos de una desaceleración que afecta al conjunto de la economía global son ya evidentes

Los inversores de Estados Unidos están pendientes de la evolución de la curva de tipos de los bonos emitidos por el país en los últimos días, que ha disparado las alarmas sobre un posible e inminente cambio de ciclo económico en su economía, que inevitablemente se extendería como la pólvora al resto del globo. Por primera vez desde 2007, la rentabilidad de la deuda a dos y tres años supera la de los bonos a cinco años, mientras el diferencial entre la deuda a dos y diez años se ha estrechado al mínimo de los últimos 11 años. Este aplanamiento e incluso inversión de la curva de rendimiento de los bonos se ha considerado tradicionalmente como uno de los signos de antesala de una recesión económica, o en su defecto de riesgos para la financiación del Tesoro, de ahí el nerviosismo de economistas e inversores en un intento de prever la próxima crisis económica.

Pese a ello, la mayor parte de los analistas consideran que no hay vientos suficientemente fuertes que indiquen de momento una tormenta sobre el cielo económico de los Estados Unidos. La economía del país sigue funcionando y con signos de buena salud, pese a las dudas sobre la solidez del crecimiento o la sombra de la guerra comercial con China, pese al endeble clima de acuerdo entre Washington y Pekín, que de momento no cuenta con el suficiente potencial para disipar las dudas en los mercados. Los cálculos de los analistas sobre las probabilidades de una nueva recesión, que han subido ligeramente pero se cifran todavía en un 25%-30%, dan una idea del vigor del ciclo expansivo en que aún está inmerso Estados Unidos, y que parece descartar un tropiezo en el próximo año.

En todo caso, los efectos de una desaceleración que afecta al conjunto de la economía global son ya evidentes, y así lo constatan todas las instituciones multilaterales, como Fondo Monetario u OCDE. Por tanto, no deben despreciarse las señales que envía el mercado de bonos, que entre otras lecturas indica que los tipos de interés tenderán a bajar en el largo plazo precisamente por una contracción del crecimiento, provocado por un repunte previo de la inflación y el intento desmedido de las autoridades de domeñarla con alzas del precio del dinero. En ello está ahora empeñada la Reserva Federal, que ha emprendido hace año y medio una lenta pero ininterrumpida carrera por subir los tipos preventivamente, y cuyo final no se divisa aún en el horizonte. Lo lógico es que atienda las señales del mercado, por interesadas o equivocadas que puedan estar, y piense dos veces nuevos encarecimientos del dinero antes de que sea tarde.

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