Al menos, los bancos centrales conocen sus límites

Los políticos critican a la Fed o el Banco de Inglaterra, pero estos rara vez presumen de infalibilidad, y muestran sus hipótesis de trabajo

Jerome Powell, presidente de la Fed, el pasado miércoles.
Jerome Powell, presidente de la Fed, el pasado miércoles.

El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell, y el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, se enfrentan a desafíos muy diferentes. Pero ambos comparten un problema: las críticas directas de los políticos. El primero irrita al presidente de su país, Donald Trump, cuando el banco central sube los tipos de interés, mientras que el segundo acaba de ser criticado por ambos lados del debate del Brexit por esbozar los peores escenarios para la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Los banqueros centrales son imperfectos pero, a diferencia de algunos críticos, rara vez afirman ser infalibles, y suelen mostrar sus hipótesis de trabajo.

El Banco de Inglaterra dijo el miércoles que la economía británica podría contraerse hasta en un 8% en el espacio de un año si Gran Bretaña abandonara el bloque sin ningún acuerdo y de manera desordenada. Carney no ve esto como el escenario más probable, pero aún así molestó a la mayoría de los que están a favor del Brexit e incluso a algunos que se oponen a él.

El primer grupo dice que está fomentando la histeria, mientras que el segundo afirma que las predicciones extremas ponen en peligro la credibilidad del Banco.

Los banqueros centrales tienen un historial imperfecto. Pero como dijo Powell el miércoles, incluso los pronosticadores más cuidadosos pueden equivocarse (“Sabemos que las cosas suelen resultar muy diferentes incluso de las predicciones más prudentes”) y que una buena política monetaria consiste tanto en gestionar los riesgos como en responder a lo que los bancos centrales piensan que es más probable que ocurra. Eso le sonará a Carney, quien dijo el mismo día que su trabajo era prepararse para lo peor, no esperar lo mejor.

Además, sus instituciones son transparentes en cuanto a los supuestos e intentan realizar un análisis riguroso. No siempre puede decirse lo mismo de sus detractores, algunos de cuyos pronósticos carecen de fundamento fáctico, de lógica económica o, en el caso del Brexit, de viabilidad política.

Por supuesto, la banca central puede mejorar. Por ejemplo, puede justificarse un replanteamiento del llamado doble mandato de la Reserva Federal, que exige pleno empleo y precios estables. Y a algunos de los mandamases les vendría bien un poco más de humildad.

Sin embargo, la credibilidad de la Reserva Federal y del Banco de Inglaterra se basa en fundamentos mucho más firmes que los de, por ejemplo, los bancos centrales turco o indio. Si se hacen demasiadas críticas a personas como Carney y Powell por hacer el trabajo que se les ha encomendado se corre el riesgo de erosionar la confianza de los votantes. Es una lástima, dado que las instituciones a las que se atribuyó el mérito de ayudar a salvar el sistema financiero mundial hace una década podrían tener que hacer lo mismo de nuevo.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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