Finanzas

Acuerdo para el no acuerdo: cómo la UE y Londres intentan prevenir el caos en los mercados

Firmas de la UE tienen contratos de derivados en la City por más de 100 billones

La CNMV europea trabaja para que no queden en un limbo legal si hay brexit sin acuerdo

Imagen de un operador de valores en Fráncfort.
Imagen de un operador de valores en Fráncfort.

Sin el voltaje, el protagonismo o la trascendencia de la negociación política, grupos de técnicos de la industria financiera, Reino Unido y la Unión Europea han negociado discretamente para evitar un caos en las finanzas en caso de un brexit sin acuerdo. La Esma, la CNMV europea, ya está trabajando, según ha comunicado hoy, para conformar el acceso europeo a las cámaras de contrapartida donde se liquidan las operaciones de derivados de Londres: los mercados de metales (LME), energía (ICE) y activos financieros (LCH).

Si un banco español contrata un futuro sobre el euríbor, muy probablemente lo haga en Londres. Si una empresa quiere cubrirse frente a las oscilaciones en el precio del petróleo, su banco trabajará con el mercado de Londres. Lo mismo para la inmensa mayoría de las materias primas. La Comisión alertó en noviembre que “podría haber riesgos para la estabilidad financiera si no se alcanza un acuerdo, a raíz de un cierre desordenado de las posiciones en las contrapartes centrales del Reino Unido” o, también, “en relación con determinados servicios prestados a los operadores de la UE por los depositarios que no puedan ser sustituidos”. 

En otras palabras, cualquier interrupción o problema de acceso desde la UE a las cámaras de contrapartida británicas puede redundar en un caos financiero. Las citadas cámaras de contrapartida son la cocina de los mercados financieros: donde ejecutan los pagos y los cobros y donde cambian de manos los valores.

Firmas de la UE tienen contratos de derivados en cámaras de contrapartida de Londres por un importe nocional (volumen de activos sobre los que se firman los derivados) de 78 billones de euros, cuatro veces el PIB de los 27, según el Banco de Inglaterra. Otros 34 billones están en contratos que no pasan por estas cámaras de contrapartida. Alrededor de la mitad de estos contratos vence después del 29 de marzo de 2019. Un brexit sin acuerdo deja en el limbo legal este descomunal volumen de transacciones, como ha reconocido, además de la UE, el Banco de Inglaterra.

La solución propuesta por la Comisión Europea pasa por lo que llama “decisiones de equivalencia temporales y condicionadas”. Es decir, que durante un tiempo, y en caso de que no haya acuerdo, reconocerá las cámaras de contrapartida británicas como si fuesen europeas, “con el fin de garantizar que no se produzca ninguna interrupción en la compensación centralizada o los servicios de depositarios”.

Las distintas asociaciones de la industria financiera como a International Swaps and Derivatives Association (derivados), la Financial Industry Association (banca de inversión) y otras se han movido para exigir este tipo de planes de contingencia y han agradecido su puesta en marcha. La premura de tempo, además, es aún mayor que en otros sectores: aunque la fecha límite es el 29 de marzo, cuando se cancela o modifica un contrato de derivados se hace con tres meses de antelación. En otras palabras, para la industria financiera el riesgo de un brexit sin acuerdo afloraba a fin de año, cuando los operadores europeos debían decidir qué hacer con su negocio en el Reino Unido.

Un brexit sin acuerdo seguirá siendo un caos sin precedentes desde el punto de vista político, juridico y económico. Y la solución aportada por Bruselas no deja de ser temporal pero, al menos, intenta evitar una suerte de Lehman Brothers europeo cuyos efectos se empezarían a notar antes de final de este año.

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