EE UU: ¿hacia una parálisis legislativa?

Con los demócratas dominando el Congreso, Washington no adoptará legislación importante en dos años

Donald Trump en una conferencia de prensa en la Casa Blanca el pasado día 7.
Donald Trump en una conferencia de prensa en la Casa Blanca el pasado día 7.

Los demócratas en EE UU han retomado la mayoría de la Cámara de Representantes y los republicanos mantienen el Senado. De manera que Washington DC puede pasar a la paralización de costumbre, con poca legislación importante los próximos dos años.

Así que la posibilidad de más recortes de impuestos es ahora muy reducida, aunque puedan darse ajustes menores. De manera que el impacto del aumento de los aranceles a las importaciones de China puede erosionar el impulso los próximos meses, aunque de momento consumo y, sobre todo, inversión empresarial siguen proporcionando apoyo. De hecho, aunque el ciclo económico está relativamente maduro, la mayoría de indicadores muestran bajo riesgo de recesión. Además el impacto macroeconómico de los aranceles permanece limitado y las encuestas empresariales siguen fuertes. De manera que seguimos previendo que el PIB de EE UU crezca a más del 3% anualizado este trimestre.

Ahora bien, el resultado de estas elecciones no debe afectar a la política de la Reserva Federal y su rutina de un aumento de tipos de interés por trimestre, que es probable que continúe. Si hubiera habido nuevos recortes de impuestos la Reserva Federal hubiera podido pasar a un mayor aumento de tipos de interés de lo esperado, pero el estancamiento político disminuye esa posibilidad. Así que seguimos estimando un nuevo aumento de tipos de la Reserva Federal en diciembre y otros tres en 2019. Aunque Trump haya criticado a la Reserva Federal por minar el ciclo económico, este piloto automático le proporciona cobertura frente a la presión política. Además, en cualquier caso Powell, presidente de la Reserva Federal, puede argumentar que los aumentos de tipos de interés se deben principalmente a la solidez de la economía.

De todas formas, a falta de cambios en la cumbre del G20 de Buenos Aires del 30 de noviembre al 1 de diciembre, donde Trump se reunirá con el líder chino Xi Jinping, es probable que las tensiones se intensifiquen y que se lleguen a aplicar aranceles a todas las importaciones de China. Hay que tener en cuenta que la posición dura con China tiene amplio apoyo de republicanos y demócratas. De hecho, los demócratas pueden mantener un “compromiso pasivo” en política comercial. Incluso el demócrata del Senado Chuck Schumer ha aclamado a menudo a Trump por su tono agresivo. De todas formas, la puerta permanecerá abierta a la negociación.

El mayor riesgo es un Congreso dividido con una escalada de hostilidad, sobre todo respecto a los presupuestos, cuyas negociaciones ya eran complicadas, como muestra el fracaso en asegurar financiación para un muro fronterizo con México y que en 2017 hubo más días en que el Departamento de Defensa operó bajo autoridad presupuestaria temporal que en diez años anteriores –se necesitará una prórroga a mediados de diciembre–. El caso es que, dadas las tácticas de negociación de Trump, los acuerdos presupuestarios, si los hubiera, probablemente serían de última hora.

Por otra parte, Nancy Pelosi, posible nueva portavoz demócrata de la Cámara, ya insinuó un enfoque pragmático en la relación con Trump, reduciendo el riesgo de impeachment. Su objetivo primordial parece ser la salud, con esperanza de colaborar con los republicanos para bajar los precios de los medicamentos. En otro orden de cosas, Trump ha dejado claro que mantiene su lucha contra los monopolios de la tecnología, pero ha perdido un importante juicio antimonopolio contra AT&T y muchos republicanos del Congreso favorecen el statu quo.

Quizá sea posible un acuerdo para aumentar el gasto Federal en infraestructuras, una de las prioridades de Trump en la campaña de 2016. Los demócratas vienen considerando que las reducciones de impuestos de diciembre de 2017 han beneficiado desproporcionadamente a empresas e individuos ricos y pedido aumento del impuesto de sociedades federal (actualmente en el 21%) para financiar gasto en infraestructuras. Pero no es aceptable para los republicanos. También han sugerido un banco federal de infraestructuras, pero es improbable que Trump acepte más burocracia, aunque sí dijo estar abierto a una subida de impuestos a la gasolina, pero ello puede enemistarle con sus colegas republicanos.

De todas formas, la pérdida de escaños republicanos puede tener una escasa implicación para las posibilidades presidenciales de Trump si volviera a presentarse en 2020. Ya ocurrió que Reagan perdió 28 escaños republicanos en las elecciones de mitad de mandato de 1982, pero resultó reelecto en 1984 con el 58,8% del voto popular frente al demócrata Walter Mondale, que obtuvo el 40,6%.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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