Europa: varios frentes y una encrucijada

Pese a la recuperación, el euroescepticismo y los nacionalismos son riesgos que siguen creciendo

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte.
El primer ministro italiano, Giuseppe Conte. REUTERS

La Unión Europea está ante una coyuntura histórica para continuar con el proyecto de integración regional. Debe aprovechar que la mayoría de los países miembros está en una situación económica favorable, incluso Grecia ha salido oficialmente del programa de asistencia financiera del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), para completar el proceso de integración que proporcione seguridad política y estabilidad económica a los ciudadanos de la UE. Además, el referéndum del brexit con la pronta salida de Reino Unido de la Unión, después de más de 40 años de muchos desencuentros sobre el modelo de integración de la UE, ayudará a que pueda reorientar su futuro y avanzar en el modelo de integración regional.

El proyecto de la UE nació para crear una integración política y económica entre los países en base a la idea de la soberanía compartida y, a cambio, la UE proveería prosperidad económica para alejar el espectro del nacionalismo que en Europa siempre ha surgido después de dificultades económicas.

La crisis económica de 2008, con efectos ruinosos para la población europea, ha afectado a la unión política de la UE en medio de escándalos de corrupción y de desencanto con la costosa burocracia y con la endogamia europea. Desde 2008 han resurgido una serie de partidos nacionalistas de corte euroescéptico que han acabado con el tradicional bipartidismo y que cada vez están obteniendo más representación en los Parlamentos nacionales y europeo. Los idearios políticos añoran volver a una idea del Estado-nación donde reside la soberanía nacional que en el nuevo siglo dista mucho de la visión romántica de siglos anteriores. Estos partidos quieren detener e invertir el proceso de integración regional alentando la idea de que el proyecto de la UE va en contra del interés nacional y la soberanía y que solo beneficia a los políticos y tecnócratas europeos.

La data histórica analizada (Funke et al., 2018) demuestra que el avance político de estos partidos ha sido norma después de cada crisis económica, así como su desaparición con la recuperación. Sin embargo, la UE debe prestar atención ya que, a pesar del crecimiento económico de la UE, estos nacionalismos siguen avanzando incluso llegando a países como Suecia que, con su modelo de democracia liberal idílica, se pensaban inmunes.

Estos partidos están despertando temor sobre el futuro de la Unión Económica y Monetaria (UEM) y la zona euro que podrían terminar rompiéndose por la tendencia de estos partidos a desmantelar políticas de austeridad económica y aumentar el gasto público, para implementar políticas de sociedades abiertas con monedas nacionales fáciles de devaluar por los Gobiernos y de atacar por especuladores financieros. De este modo, los nuevos nacionalismos euroescépticos están levantando preocupación entre los inversores preocupados por la cordura fiscal de estos partidos, como está ocurriendo con el Presupuesto para el 2019 presentado por el Gobierno de coalición italiano que quiere “terminar con la pobreza” aumentado considerablemente el gasto.

La UE debe, por tanto, promover la convergencia económica a nivel nacional donde las reformas estructurales y el respeto por el cumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento son fundamentales para la cohesión de la UEM. La UE debe también trabajar para reducir la vulnerabilidad del sistema financiero y del euro con la finalización de la unión bancaria, necesaria, a su vez, para fomentar y fortalecer el proceso de la integración económica y monetaria. Pareciera que los países miembros están coordinando esfuerzos con la introducción del código normativo único como eje legal regulador, y del Mecanismo Único de Supervisión y del Mecanismo Único de Resolución como pilares de la unión bancaria. Sin embargo, también deben solucionar el debate enquistado entre la reducción y mutualización del riesgo para que el Sistema Europeo de Garantía de Depósitos se convierta en una realidad que complete la unión bancaria en la UE. 

Los esfuerzos en este sentido de la UE y de la comunidad internacional ayudó a que Grecia no se convirtiera en un país económicamente en bancarrota y políticamente fallido y haya recuperado la soberanía en política económica a la espera de que el resto de los países miembros haya aprendido la lección.

El proceso de integración regional de la UE se puede entender por el concepto de entropía de Yllya Prigogine, premio Nobel de Química en 1977, ya que históricamente ha encontrado elementos dialécticos, unos creadores del orden y otros creadores del caos. Todos estos avances en el proceso de integración son primordiales para la consolidación de elementos creadores del orden como la Unión Económica y Monetaria (UEM), del mercado único y del euro como moneda común en todos los países de la UE, ahora que Reino Unido va a dejar de ser parte de la Unión y a pesar de las reticencias de Suecia y Dinamarca. Las instituciones europeas y los Gobiernos nacionales deben entender que los factores creadores del caos solo pueden retraer a Europa al orden pasado; es decir, los hipernacionalismos históricos que ya causaron dos guerras mundiales.

El éxito de la integración regional es fundamental para que el proyecto de la Unión Europea se convierta, en honor a nuestros socios de Reino Unido, en una especie de Commonwealth of Nations unidos por valores compartidos de democracia, derechos humanos y Estado de derecho, pero de afiliación igualitaria, en la que ningún país o jefe político se erija como jefe de esta unión de naciones.

María Lorca-Susino es profesora del departamento de Economía de la Universidad de Miami

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