Marcia Pinto: “Comprar una de nuestras ollas es una inversión”

Dirige desde hace 13 años la filial ibérica de la firma francesa Le Creuset

El auge por la comida sana ha acercado a la marca a un nuevo perfil de consumidor

Marcia Pinto: “Comprar una de nuestras ollas es una inversión”

Es odontóloga de formación, pero dirige la filial de España y Portugal de una de las empresas de menaje de cocina más conocida del mundo. Marcia Pinto, nacida en São Paulo (Brasil) en 1968, es la consejera delegada para Iberia de Le Creuset. Trabajó como dentista y dio clases en la universidad, pero tras un accidente en una mano, tuvo que abandonar la profesión. “Ahí tuve la oportunidad de unirme a  Le Creuset, hace 17 años. Primero en la parte comercial. Luego, poco a poco, en otras divisiones”. La compañía francesa, nacida en 1925 y famosa por sus cocottes, es una de las marcas más conocidas de utensilios de cocina prémium. La organización, con ollas y cacerolas que pueden superar los 300 euros, vende en más de 60 países, aunque no hace públicos los datos de facturación.

Para quien no conozca Le Creuset, ¿cómo definiría la marca?

Como algo más que utensilios y menaje de cocina. Es una experiencia culinaria, un vivir alrededor de la buena comida. Eso es lo que simboliza nuestra olla de hierro esmaltado, que nació en 1925 para evitar la oxidación. El hierro es un material muy bueno para cocinar porque mantiene y distribuye el calor de manera especial. Por eso el resultado es distinto y excelente. Queremos transmitir la excelencia culinaria. No tenemos la idea de volver a los orígenes de la cocina, pero sí la de animar a que se cocine en casa, a recordar que las cosas importantes siempre suceden alrededor de la mesa.

La olla de hierro fundido es el símbolo de la compañía, ¿por qué?

Es nuestro producto principal, el icónico y también el más vendido. En casi 100 años de historia, Le Creuset ha evolucionado mucho, y utilizamos otros materiales como la cerámica de gres, el acero inoxidable triple capa, el aluminio antiadherente... Todos ellos buscan la mayor calidad dentro de cada gama, porque para cada cocción se necesita un material u otro. Pero el hierro fundido sigue siendo el mejor sin duda, el más prémium y el que da los mejores resultados.

¿Es difícil innovar en un mercado así?

Es cierto que en el mercado de la cocina no es tan fácil innovar como en otros, aunque nosotros siempre lo intentamos. Hace dos años, por ejemplo, relanzamos la cacerola, la icónica, en una nueva gama que tenía características distintas a la tradicional y que mejoraba la imagen, el uso, el esmaltado... Siempre buscamos hacer cosas nuevas. Lo hacemos también con los colores. Es algo que nos identifica mucho.

Cuando se piensa en las necesidades de un hogar, quizá el menaje de cocina no es una prioridad. ¿Cómo afecta esto a la marca?

Es algo que va cambiando, y se nota bastante en los últimos años. Cada vez está más de moda cocinar, y la gente se preocupa por comer bien, por experimentar, por compartir recetas... Todo esto hace que el sector esté en auge, y cuando esto sucede, la gente empieza a invertir en menaje de cocina. Es algo que hemos notado en los últimos años, porque los consumidores empiezan a comprar más y a gastar dinero en productos buenos.

Una de sus ollas puede costar siete, ocho o nueve veces más que otras del mercado. ¿Cómo convencer al cliente para que se decante por Le Creuset?

Sucede con todas las empresas que venden calidad, que es siempre más cara. Pero es que, además del resultado a la hora de cocinar y del sabor que dan nuestros productos, la diferencia también se nota en la calidad y en la durabilidad. Una de nuestras ollas va a durar para siempre, además de que todas tienen una garantía de por vida. Nos llegan clientes que nos dicen que sus cacerolas eran de sus abuelas, y que las siguen utilizando. Tenemos muchas historias de cocottes que pasan de generación en generación. Y si sabes que algo te va a durar toda la vida y que además va a dar un resultado de cocción superior, realmente no es caro. Comprar una de nuestras cacerolas es una inversión.

Nos llegan clientes que nos dicen que tienen cacerolas de sus abuelas

 

¿Hacen daño a la marca los tiempos de la comida preparada y el reparto a domicilio?

La comida rápida y a domicilio existen desde hace mucho, pero vemos una tendencia muy fuerte hacia el estilo de vida saludable, de cuidarse, de hacer deporte, y también de comer sano. Y ahí es donde entramos, porque comer sano también es preparar la comida en casa y consumir productos naturales. Además, como el hierro es tan buen conductor de calor, no hace falta cocinar con fuego fuerte. Y con baja temperatura se mantienen los nutrientes de los alimentos. Vemos una tendencia de gente preocupada por su salud y de parejas con hijos que quieren darles lo mejor que nos están buscando.

¿Hacia qué perfil de cliente se dirigen?

Hacia el que le gusta comer bien y disfruta preparando algo para familia y amigos. No tenemos un grupo de edad ni de capacidad adquisitiva concreto, porque el precio no es un problema si valoras el producto. Además, nuestro consumidor es tan fiel a la marca que muchos la coleccionan. En mercados como el japonés la gente es tan fan que tiene colecciones en sus cocinas.

¿Qué diferencia al mercado español?

España sigue siendo distinto. Aquí, la tendencia de cocinar en casa y disfrutar de la comida en compañía lleva relativamente poco tiempo en comparación con otros países. España sigue siendo muy de comer fuera. Lo noto al compararlo con Portugal, que es más de estar en casa e invitar a gente. Aquí, esa tendencia, es ahora cuando empieza.

Le Creuset se enmarca en el sector prémium. ¿Quieren estar ahí?

La gente nos mete ahí por el precio. Si un producto muy bueno es lujo, pues sí estamos dentro de ese mercado. Pero no necesariamente queremos estar ahí. Aquí en España quizá seamos la marca más prémium en el sector, pero en otros países hay otras a nivel precio muy cercanas a la nuestra, y no se clasifican así.

¿Qué han pensado para los próximos años?

Los proyectos vienen desde la matriz y se nos presentan cuando ya están listos para salir al mercado. Por eso nunca se nos adelantan las novedades. Las ollas se fabrican en Francia, en Fresnoy-Le-Grand, a una hora de París. Tenemos una fábrica remodelada hace pocos años que aúna las nuevas tecnologías con un savoir-faire artesanal. Además, los empleados son los hijos y nietos de los que empezaron a trabajar.

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