Los mosqueteros que rescatan castillos

Dartagnans es la primera 'startup' de 'crowfunding' dedicada a recuperar el patrimonio cultural francés

En menos de tres años, ha superado los 200 proyectos y recaudado cinco millones

Castillo de Mothe-Chandeniers (Vienne, Francia).
Castillo de Mothe-Chandeniers (Vienne, Francia).

Romain Delaume y Bastien Goullard, dos treinteañeros franceses, se conocieron en 2007 en una escuela de negocios de Lille (norte de Francia), donde se especializaron en finanzas y comunicación. El primero se adentró en el mundo financiero y el segundo, en el de la auditoría. Pero en septiembre de 2015, con 29 y 28 años respectivamente, decidieron dejarlo todo e invertir sus 30.000 euros de ahorros en un proyecto que bautizaron con el nombre del mosquetero más famoso: Dartagnans. Rememorando el lema de Uno para todos y todos para uno, crearon la primera plataforma de crowdfunding destinada a preservar el patrimonio cultural francés, y a contribuir a modernizar su imagen y a disfrutarlo de otra manera.

Menos de tres años después, han conseguido que su modelo de negocio funcione: ya han puesto en marcha cerca de 200 proyectos y recaudado cinco millones de euros. La plataforma se queda con el suculento porcentaje del 10%, con lo que en 2017 lograron una facturación de 450.000 euros que han reinvertido en más proyectos. La comunidad que han creado, de más de 120.000 personas, supera las fronteras galas y reúne a más de 125 nacionalidades.

Su logro más sonado: la adquisición a un particular, el pasado diciembre, del castillo en ruinas de Mothe-Chandeniers, situado en Vienne, en la ribera del Loira. El objetivo era recaudar 500.000 euros, pero lograron 1,6 millones de más de 18.000 personas que hoy se han convertido en copropietarias del edificio, a modo de un gran accionariado. El proyecto ha seguido creciendo: han superado las 28.000 personas y los dos millones de recaudación lo que les ha permitido comprar los terrenos adyacentes al castillo. En junio realizaron las primeras visitas guiadas alrededor del edificio, y en septiembre arrancan las obras de conservación. La iniciativa ha tenido tanto éxito que los cofundadores ya le han echado el ojo a otro castillo del siglo XIV que pretenden rescatar y cuya campaña lanzarán a finales del próximo mes.

“El patrimonio es el petróleo de Francia, pero los poderes públicos le dedican cada vez menos dinero, y con la crisis, es el primer sector en verse afectado”, cuenta vía telefónica Romain Delaume. De los 44.000 edificios inscritos en el país como monumentos históricos, se calcula que un cuarto está en mal estado, y un 5% en peligro. “Pero en vez de criticar al Estado por lo que no hace, creíamos que era el momento de que los ciudadanos también nos hiciéramos cargo”, prosigue. Para ello, se inspiraron en el National Trust, un modelo de preservación de monumentos que surgió a finales del siglo XIX en Reino Unido y que bebe de las raíces protestantes del país. Hoy, más de cinco millones de británicos donan en torno a 100 libras anuales que permiten mantener más de 600 edificios con valor histórico.

Pero, además de contribuir a preservar el patrimonio con un modelo de financiación singular, Dartagnans persigue otro objetivo más amplio: el de democratizar el acceso a un sector visto por algunos como elitista y aburrido. “El cuidado del patrimonio no tiene por qué ser solo cosa de viejos y ricos de París, puede convertirse en una aventura divertida”, indica entre risas Delaume. De hecho, la aportación mínima para hacerse copropietario del Castillo de Mothe-Chandeniers fue de 50 euros, lo que permitió, según el cofundador, “una participación sin distinción de clase”.

La gran presencia de la startup en redes sociales y el uso de un lenguaje cercano y divertido les ha hecho llegar a un nuevo público: los jóvenes. “La edad media de los que participaron en la adquisición del castillo fue de 35 años, y más de 3.000 tenían menos de 30 años”, cuenta orgulloso.

Para atraer a nuevos inversores se han propuesto abrir el abanico de usos lúdicos a los que se podrán dedicar estos espacios una vez rehabilitados. “Se nos ocurren muchas ideas más allá de las visitas guiadas más tradicionales: desde festivales de música, rodajes de películas, shootings de moda, restaurantes efímeros, bodas o experiencias inmersivas”, adelanta Delaume.

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