Se venden pazos, castillos y pueblos deshabitados

Aldeas Abandonadas Real State centra su cartera en propiedades rurales

El perfil de cliente son familias adineradas, la mayoría de fuera de España

Un castillo burgalés, del siglo XIV, se vende por casi 2.800.000 euros.
Un castillo burgalés, del siglo XIV, se vende por casi 2.800.000 euros.

Las grandes transacciones inmobiliarias entre particulares no siempre están movidas por lujosas propiedades. Lejos de las ciudades, más allá de las zonas rurales y los parajes costeros más exclusivos, también se agitan los millones. Desde hace más de 10 años, la inmobiliaria especializada Aldeas Abandonadas vende todo tipo de propiedades a lo largo de toda la geografía española, desde pueblos deshabitados y ruinosos hasta exclusivos castillos medievales, pasando por casas rurales, masías, pazos, bodegas, cortijos o palacetes de toda clase y condición. “En los últimos años hemos notado un repunte importante, porque los dueños de estas propiedades empiezan a ser de tercera o cuarta generación. Ya no hay tanto apego hacia el lugar, y muchos de los que han recibido una herencia deciden poner a la venta sus inmuebles o tierras”, explica Elvira Fafian, gerente de Aldeas Abandonadas Real Estate.

De esta forma, prosigue, “nos llegan propiedades de todo tipo, desde edificios viejos que necesitan de una reforma urgente hasta propiedades cuidadas y exclusivas”. También, señala, hay un aumento de la oferta de las aldeas deshabitadas, movido por el auge del turismo rural y por la aparición de colectivos sociales que quieren huir de la vida en la ciudad y buscan asentarse en un pueblo perdido. “En nuestra cartera aceptamos cualquier propiedad del mundo rural. A partir de ahí, hacemos un análisis del inmueble en cuestión, vemos quién vende, sus razones y, sobre todo, cuáles son las posibilidades de la zona”, continua la experta. Una vez estudiados todos estos parámetros se fija un precio, que puede oscilar entre unos pocos miles de euros y varios millones, y la operación se pone en marcha.

Aldea abandona en A Coruña, a la venta por 139.000 euros.
Aldea abandona en A Coruña, a la venta por 139.000 euros.

Por ejemplo, desde hace unos meses, un castillo burgalés que data del siglo XIV está a la venta, en la cartera de esta inmobiliaria, por casi 2.800.000 euros. Esta propiedad, ubicada en una finca de 20.000 metros cuadrados, con una gran pradera, árboles frutales, riachuelo, bosque de robles tricentenarios y un gran estanque, tiene una superficie construida de 700 metros cuadrados. “Está totalmente reformado y listo para entrar a vivir. ¡Y es un castillo!”, recuerda Fafian. Por eso es una de las propiedades más caras que la inmobiliaria tiene a la venta.

Al otro extremo del catálogo, la empresa maneja decenas de aldeas abandonadas, que se venden por algo más de 30.000 euros y están pensadas para familias o grupos de amigos que quieran reformarlas para vivir en ellas o para inversores que quieran empezar a operar en el sector del turismo rural. También hay otros pueblos con algunas casas en buen estado, y que pueden llegar a venderse por hasta medio millón de euros. “Este es un mundo diferente al inmobiliario más tradicional. Todos los vendedores se ponen en contacto con nosotros, y cuando vemos una propiedad interesante, muchas veces tenemos que bucear para encontrar al dueño”, explica.

Un palacio de indianos asturianos, por 1,7 millones de euros.
Un palacio de indianos asturianos, por 1,7 millones de euros.

A esto se le añaden otros pormenores del proceso de venta, como todos los estudios que hay que hacer con cada una de las propiedades, ver dónde empieza y acaba cada linde o finca, si hay acceso por carretera y si este está en buen estado o si el pueblo en cuestión tiene algun edificio que no esté en venta. “Por eso, los ritmos también son diferentes. Hasta que todo está a punto para empezar el trámite pasan entre seis y 12 meses”.

Lo que resulta muy complicado, recuerda Fafian, es fijar un precio medio en cada una de estas ventas. “Tenemos masías de 800.000 euros y otras que no llegan a 100.000 euros, pazos que van desde los 400.000 euros al millón, cortijos de hasta 900.000 euros... Todo depende del producto y de lo que se quiera gastar el cliente”. Y los hay de todos los tipos. Tal y como explica la experta, la inmobiliaria trabaja con todo tipo de compradores, desde grupos que quieren alejarse del estrés de la ciudad y buscan gangas a precios asequibles, hasta inversores y empresarios del sector turístico. Pero sobre todo, el perfil más extendido es el del extranjero, familias adineradas de otros países europeos y de Estados Unidos que, por ejemplo, compran una aldea para remodelar por completo y veranear en vacaciones. “España es un país en el que el despoblamiento rural es muy elevado, y para muchos esto supone una ventaja, ya que pueden encontrar auténticas joyas”.

En los últimos tres años se observa un repunte del cliente nacional

Además, para muchos de los clientes, el patrimonio cultural e histórico de España es otra de las razones para adquirir una propiedad en el país. “Los inmuebles medievales, como castillos, palacios y casas señoriales, están muy demandados”, esgrime. También hay millonarios que se hacen con una aldea perdida en la montaña o en la costa para pasar sus vacaciones lejos del foco y el ruido. Y, desde hace cerca de dos años, calcula Fafian, “hay un repunte del cliente nacional, tanto de familias adineradas como de cooperativas”.

Este tipo de transacciones, en opinión de la gerente inmobiliaria, ayudan a combatir la despoblación rural que azota a tantas pronvincias españolas. La mayoría de propiedades en venta están en zonas rurales de Galicia y Asturias, en regiones castellanas como Soria, Burgos o Palencia, y en provincias como Teruel o Huesca. “También tenemos muchas propiedades más al sur, en Extremadura, Andalucía y Castilla La Mancha, aunque estas suelen ser casas de campo, cortijos o fincas”. A día de hoy, la inmobiliaria cuenta con cerca de 3.000 propiedades que están a la venta, aunque gran parte de ellas no están publicadas y son confidenciales, “ya que sigue habiendo muchos propietarios que todavía son reacios a mostrar sus inmuebles”. Por eso, alega Fafian, en la mayoría de lugares en los que operan, cuentan con el apoyo de las distintas administraciones públicas, que ven en este mercado una forma más de combatir el abandono y éxodo rural.

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