Palancas del progreso, fanáticos de la verdad

En estos tiempos acelerados, lo único que no debe cambiar son nuestros principios

Impresión del primer número de Cinco Días, el 3 de marzo de 1978, y una imagen de la redacción tomada esta semana.
Impresión del primer número de Cinco Días, el 3 de marzo de 1978, y una imagen de la redacción tomada esta semana.

La enciclopedia de Diderot y D’Alembert, que terminó de publicarse en 1772, dice del periodista: “Es un individuo que no trabajaría si el resto de profesionales se tomase un prolongado descanso. Pero esto no significa que la de periodista no fuese una profesión valiosa si se reuniesen todos los méritos necesarios para ejercerla con garantías. En ese caso el periodista sería un hombre comprometido con el progreso de la mente humana y un fanático de la verdad, y todo su empeño quedaría subordinado a estos dos objetivos”.

Ahora que los valores de la Ilustración, aquellos sobre los que se edificaron las democracias modernas, están bajo asedio, es bueno volver a esos dos pilares del periodismo. El único fanatismo que cabe es el de la verdad; el primer compromiso exigido es con el progreso, el del individuo y el de la sociedad.

Hoy estamos aquí porque, hace 40 años, un grupo de periodistas encabezado por Paco Mora puso en marcha esta aventura llamada CincoDías. En 1978, una España ávida de información libre clamaba por la modernización, política en primer lugar, pero también económica. Y para empujar esa modernización era imprescindible que existiera un referente periodístico para los agentes económicos. Porque igual que la democracia moderna no es posible sin información compartida a través de medios libres y veraces, la economía de mercado no podía funcionar sin la transparencia que aporta un periodismo digno de crédito a aquellos que tienen que tomar decisiones con conocimiento. Este diario salió a la calle un 3 de marzo cuando no había nada igual en los quioscos, mirándose en la prensa europea de calidad, antes de que, ya en los ochenta y al calor del crecimiento económico, se produjera la explosión de la información financiera con el nacimiento de cabeceras competidoras.

La España de hoy no es la de 1978, pero todo lo que hemos conseguido arrancó en aquel momento clave de nuestra historia. Salíamos de un régimen dictatorial que había acumulado cuatro décadas de atraso respecto a nuestros vecinos, con rémoras intervencionistas y paternalistas en el terreno económico. Y mirábamos a Europa desde fuera, ansiosos de que nos dejaran entrar. Igual que no fue fácil la conquista de las libertades, tampoco fue un camino de rosas la reconversión de nuestra economía. Se avanzó en la dirección correcta, que era el modelo europeo, aunque el camino fuera a menudo doloroso: se desmantelaron industrias inviables, la mayoría enchufadas al presupuesto estatal, se flexibilizaron viejos corsés, se animó la competencia y se construyó un Estado del bienestar moderno apoyado en una nueva fiscalidad. La empresa española se abrió a Europa y a la vez al mundo.

Con todas las dificultades que hemos atravesado, desde la crisis del petróleo a la Gran Recesión del nuevo siglo, esta es una historia de éxito. Los 40 años que ha contado este periódico son seguramente los mejores que ha vivido este país. Hoy la economía española, y sus empresas, compiten en primera fila de la globalización y la era digital. Nuestro talento se ha sacudido los complejos y se mueve por todo el mundo. Podíamos estar mejor, esa ambición no debemos perderla nunca. Pero hemos vivido una transformación económica sin precedentes.

Hoy estamos contando la que llaman la cuarta revolución industrial, y que puede resultar la más trascendente de todas: la digitalización, la irrupción en nuestras vidas de dispositivos conectados, la inteligencia artificial, la robotización, el internet de las cosas. Esta transformación también ha irrumpido en el periodismo. De periódicos impresos nos convertimos en plataformas multimedia. Abrazamos nuevos lenguajes: el vídeo, el audio, la infografía, las herramientas interactivas, el diálogo con nuestros seguidores en las redes, el big data como fuente de información.

CincoDías inició en abril del año pasado un camino en que daremos nuevos pasos. Junto con El País, el diario líder, pusimos en marcha el proyecto El País Economía, con el que empezamos a construir la mayor plataforma de información económica en español. En ese marco nació Retina, el sitio de la transformación digital que consideramos nuestra cabecera hermana. Nuestra alianza con El País irá más lejos para servir mejor a nuestros lectores, ahora con ambición global.

El periodismo tiene que cambiar como lo hacen los hábitos del ciudadano. Nos dirigimos a inversores, ahorradores, directivos, profesionales y emprendedores, que son los colectivos más conectados de la sociedad, los que nos demandan noticias y servicios en tiempo real, a cualquier hora, en cualquier dispositivo. Las operaciones digitales tendrán cada vez más peso en el cumplimiento de nuestra misión, y la edición impresa irá teniendo menos. Pero, sea cual sea el formato, nuestra misión es la misma en 2018 que en 1978. Lo que se exige de nosotros es rigor, profundidad, una credibilidad que tenemos que conquistar cada día, cada minuto. Nuestro valor está en la especialización y en la honestidad, en no tener más interés que ser útiles a nuestros lectores.

En momentos de cambios acelerados en la economía, en la sociedad y en nuestra industria mediática, es importante reafirmarse en lo único que no debe cambiar: nuestros principios. El primero, la búsqueda incesante de la verdad. Fuera de ella no somos nada. Perseguimos la noticia relevante, la información valiosa, lo que alguien no quiere que se sepa pero ustedes merecen saber. Y un diario es también una mirada al mundo, en nuestro caso al mundo económico, desde unos valores compartidos con el lector.

Hoy que se cuestiona tanto la globalización y el libre comercio, como si los intercambios fueran un expolio a los países que compran más bienes, hoy que se intenta demonizar a la inmigración y algunos tratan de levantar tantos muros como se pueda, incluso en medio del Mediterráneo, hoy que vuelven a sonar mensajes reaccionarios que creíamos superados, conviene que también se oiga nuestro discurso. Creemos en una economía de mercado abierta, dinámica, transparente e inclusiva. Creemos en el Estado del bienestar. En la integración europea. En la democracia, en la Constitución, en el progreso económico y social que soñaron los ilustrados. Creemos en la ética en los negocios, en la responsabilidad social. Creemos en la igualdad efectiva, en particular en la igualdad de la mujer, que es una de las causas más nobles de nuestro tiempo. En la superación de todas las brechas, prejuicios y techos de cristal. Creemos en nuestra juventud, porque el futuro es suyo.

Y creemos en la investigación, el desarrollo y la innovación. En nuestros científicos; en las organizaciones capaces de inventar, de descubrir, de hacernos avanzar. Creemos en nuestro talento, el de los profesionales, los emprendedores, el que está en las compañías globales, en las pymes y en las startups. Ahora que somos cuarentones, no queremos mirar atrás, sino adelante. Encaramos la transformación digital, que no es más que la carrera del conocimiento. Solo una apuesta por el conocimiento nos puede guiar hacia el éxito en este tiempo.

Vuelvo a la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert, donde se lee: “Un periódico incluye una variedad tan amplia de temas que es imposible que un hombre pueda hacerse cargo de todo. Ningún ciudadano puede ser un geómetra sabio, un gran poeta, un historiador notable y un filósofo admirable al mismo tiempo. Nadie puede saber de todo”.

Los ilustrados franceses del siglo XVIII eran muy críticos con los periódicos de la época, dedicados sobre todo a la crítica literaria porque aún no había explotado como negocio la comunicación de masas. Por eso decían los enciclopedistas: “Un periódico debe ser elaborado por personas bien formadas, pues los ignorantes incurren siempre en la misma clase de defectos”. Y ponían ejemplos como este: “Los periodistas suelen complacerse muy especialmente de su ignorancia en cualquier disciplina donde interviene el cálculo”.

Nosotros nos esmeramos en hacer bien los cálculos. Estoy orgulloso de esta redacción de personas bien formadas. Periodistas que tienen la solvencia y la humildad imprescindibles para dirigirse a lectores que quizás sepan más que ellos. Los que hacemos este medio podemos presumir de continuar la trayectoria de tantos grandes profesionales que han pasado por nuestra redacción. CincoDías ha sido y es una referencia informativa, pero también una escuela de periodistas. Nuestra huella está en el diario, está en el Grupo PRISA y está en otras empresas. El futuro no está escrito, pero esta forma de trabajar, tan serena como rigurosa, capaz de profundizar, alérgica a la frivolidad, dirigida al público más exigente posible, es el camino correcto para los tiempos que vienen.

Seguiremos al lado de nuestros seguidores, sea en el papel, en las pantallas, en los dispositivos de voz o en lo que venga después. Seguiremos persiguiendo sin descanso la verdad, que para un periodista es lo más sagrado. Y de esa manera estaremos, como llevamos ya cuatro décadas, contribuyendo al progreso.

Discurso del director de CincoDías en el acto de entrega de los Premios a la Innovación Empresarial y la celebración del 40 aniversario del diario, en Madrid.

Normas